Le alcanzó la muerte

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

Siddiqui está del otro lado, ya no está con su cámara mirando sino todo lo contrario, seguramente muchos desconocidos lo vieron caer y morir

La vida misma y sus múltiples momentos inolvidables es de quien la trabaja, de quien despierta con ganas de comerse el mundo, de quien tiene la fortuna de hacer lo que le apasiona o mejor dicho, quien logra hacer lo que sea con pasión.

Los artistas visuales tenemos la fortuna que lo que vemos lo transformamos en inspiración, y como fotógrafos hacemos algo tan simple como fotografiar y hacerlo nuestro para el camino, para la memoria, para un recuerdo fortuito, para una charla entre amigos o simplemente para registrarlo en nuestro archivo diario.

El fotoperiodista que sale todos los días a cubrir situaciones en conflicto, crisis humanitarias o las incesantes muertes a raíz del Covid19 van capturando escenas duras, rudas, crueles y entre el dimorfismo de la vida y la muerte.

 

 

Atestiguan y legitiman las emociones y situaciones ajenas, las miradas de profunda tristeza y las que revelan el mayor odio y rencor que hayamos visto.

Capturan la muerte como una ceremonia, con aclamación y el repudio, la añoranza y la tristeza, están allí como si fueran familiares o conocidos. El fotoperiodista recibe también los peores tratos en esos momentos, porque sin duda es el intruso que se está llevando un pedazo de la intimidad de la familia que se descubre rota y sin mucho consuelo.

El fotoperiodista va y viene, el que sale a países en donde no se habla su idioma y se juega la vida entre fuegos cruzados, corre entre un bando y otro, esperando que lo distingan, se expone a morir y cambiar el rol de ser al que él sea el visto, el observado y el documentado por otros.

Le pasó a Danish Siddiqui, fotoperiodista indio y parte del staff de Reuters el día de hoy en Aganistán. En primera instancia fue herido por metralla en su brazo durante la mañana, mientras enviaba información de un combate en Spin Boldak.

Pero los talibanes atacaron una vez más y esta vez, entre un fuego cruzado no corrió con la misma suerte y lamentablemente informaron sobre su muerte a la propia agencia Reuters.

Siddiqui tenía 40 años, había cubierto las guerras en Afganistán e Irak,  las más recientes protestas en Hong Kong, terremotos, refugiados y fue parte del equipo ganador del Pulitzer en 2018 con la crisis de los refugiados royinhás en la agencia y colocándolo en el primer fotoperiodista de origen indio en ganarlo.

Parte de su trabajo puede ser visto en su cuenta personal en Instagram como @danishpix en donde también había anunciado recientemente que su trabajo hecho sobre las muertes por Covid en la India será mostrado en el festival Visa Pour L´Image en Perpignan.

Sus últimas fotografías son conmovedoras y desgarradoras de cómo el virus trastoca y paraliza la respiración. Hombres y mujeres en India que llegan al hospital o que son atendidos en el interior de sus autos, hasta quienes son envueltos en sábanas blancas para cremarlos en hornos o dentro de los rituales de la propia religión.

Miles de muertes las que capturó, puedo imaginar los olores, el terror, la desolación y los gritos de quienes aparecen en sus imágenes a la hora de despedirse de los cuerpos ya sin vida, sin aire y sin color.

 

 

Siddiqui está del otro lado, ya no está con su cámara mirando sino todo lo contrario, seguramente muchos desconocidos lo vieron caer y morir. Habrá quienes lo hayan fotografiado con sus teléfonos o quizá otro colega que haya coincidido en la escena, eso no lo sabremos todavía.

Es la dualidad de quien observa y termina siendo observado, de quien se apropia lo ajeno y termina siendo el extranjero que murió en donde no era su tierra, ni su conflicto.

El fotoperiodista sabe que se arriesga, pero su pasión le detona la adrenalina que lo lleva a subirse de una camioneta a otra o de correr de una cera a otra, mientras unos se disparan y otros se matan.

Todavía recuerdo cuando Narciso Contreras contaba cómo corría cuando alguien gritaba que había que correr, pero nadie advertía hacia dónde había que esquivar el cuerpo cuando la metralla los alcanzaba o los rozaba.

Siddiqui deja a su familia desolada y un gran trabajo visual que pasará a la historia dentro y fuera de Reuters.

Qepd él y el resto de los fotoperiodistas que han muerto recientemente, que sin desearlo ni pensarlo, pasaron de ser testigos a ser los protagonistas de sus propias agencias.

 

Le Alcanzó la muerte
Foto de Danish Siddiqui @danishpix

 

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