Salvador, se llamaba el joven de 18 años que entró a la primaria Robb, en Uvalde, Texas. Mató a 19 niños y dos profesoras para después ser rafagueado por la policía local y no saber más de él.

Irónicamente, cuando supe de su nombre me llevó a pensar en la definición de su nombre y el diccionario dice “el que salva”. Vaya contrariedad y dolor el que ha causado un chico que también estudiaba en esa escuela y que mató a sangre frío a pequeños de entre 8 y 11 años.

Las fotografías de angustia y suplicio de los padres, nos han conmovido a todos, nos han sumergido en la desesperación de quienes dejaron a sus hijos e hijas por la mañana sin siquiera imaginar que no los volverían a ver.

El tal Salvador Ramos fue publicando todo en sus redes sociales, la compra de sus armas, las municiones y distintos mensajes a amigos o conocidos.

El chico y un auto retrato que se tomó y publicó en su cuenta personal de Instagram, que minutos más tarde de darse a conocer el tiroteo, fue cancelada, no muestra tanto a como sus allegados lo han descrito.

Pareciera que Salvador se muestra tímido al no mirar a los ojos al espejo, y propiamente solo verse a sí mismo a través de la pantalla de su celular.

Pero su mensaje es que él no tenía ojos para nadie, mas que para él. En su soledad y su no aceptación con su círculo social, elige auto fotografiarse sin que nada ni nadie aparezca y tu atención sea a él.

Un tipo seguro de lo que estaba haciendo, ya con la información que circula en los medios, que si creció en un ambiente familiar hostil y que por ello vivía con los abuelos, que si era tartamudo y sufría de bullying en la Escuela y sus acciones agresivas para las mujeres en su trabajo y el resto de sus compañeros, se muestra de pie y con la seguridad de quien mantiene el cuerpo y su espalda erguida ante lo que él cree que es correcto.

Salvador es otro chico que tuvo acceso a las armas y con ellas ningún tipo de vigilancia o advertencia sobre sus problemas emocionales. Otro menor de edad que lanzó alarmas previamente de su agresividad y su sed de venganza y que ni así, fue tomado en cuenta.

Este chico que no se atrevió a mirar al espejo para que el resto de la gente pudiera verlo en sus redes sociales, fue tan cobarde y criminal de matar a niños pequeños que no tenían ningún tipo de relación con él, y suponemos que tampoco llegaron a acosarlo o burlarse de él.

Ramos iba en la prepa, los pequeños en primaria. Ese joven que utilizó las redes sociales como un medio de comunicación masivo para advertir de su crueldad, también fue ignorado y así fue que nadie lo detuvo e hizo lo que hizo.

Ese chico con un modelo de iphone reciente, una pistola, un rifle, municiones y chaleco antibalas salió a matar a inocentes y lo peor es que fue abatido por los agentes y de nueva cuenta, nadie sabrá qué insania pasaba por su cabeza, ni tampoco podrá cumplir una sentencia por quitarle la vida a los 19 pequeños y a sus padres, y a las 2 maestras y sus familias.

Qpd los pequeños y sus maestras.

salvador