Habían pasado ya 16 meses sin saber nada de Emilio Lozoya quien fungiera como director de PEMEX en el sexenio pasado, después de haber sido acusado de recibir sobornos de Odebrecht.

Todo hasta que la periodista Lourdes Mendoza publicara una serie de fotografías en su cuenta personal de Twitter en donde aparecía él en un restaurante conocido y exclusivo de la Ciudad de México.

Hoy fue a comparecer al Reclusorio Norte y el juez le impuso, a petición de la Fiscalía, prisión preventiva.

Él y su abogado iban con la intención de solicitar dos meses más de investigación en libertad, pero el resultado no fue el esperado.

Los medios lo acorralaron en su bajada de la camioneta negra, no le dejaban ni el más mínimo espacio para respirar o para ver la luz del cielo despejado, que hoy tuvo la ciudad de México y que en realidad sería el último que podría ver en plena libertad.

Los lentes de las cámaras atinándole directamente al rostro, estaba rodeado y eso ya era una señal de lo que iba a toparse allí adentro.

No tendría otra escapatoria, ni un espacio, ni el más mínimo respiro de probabilidad.

Imágenes del día de hoy, rescato dos, la primera que es la que nuestro en este espacio en donde vemos por primera vez capturado en una fotografía el rostro de preocupación en el exdirector de Pemex.

No queda nada de aquél que vimos sentado en una mesa redonda junto a sus amigos más cercanos, la seguridad y la espalda erguida, pasó a encorvarse y a hacerse pequeño.

De estar en completa apertura, con la confianza de compartir la mesa con quienes no lo traicionarían haciendo pública su reunión, lo tenemos aquí, limitado, resguardado, aislado y solo.

Su rostro de preocupación y de incertidumbre. Porque el cubre bocas podrá ocultarnos la mitad de las facciones, pero los ojos, las cejas y la frente dan un adelanto de que lo que no se ve, luce igual o peor.

Juzgamos lo que vemos, y hoy es un parte aguas en el caso y en la vida de Lozoya. Sus cuentas en el extranjero y su exposición, lo han puesto como quien es capaz de fugarse en cualquier momento, entonces mejor dictan lo correcto: esperar en resguardo, pero en uno de a de veras.

Pero sea la interpretación que cada quien quiera darle, o crea o no en las acusaciones que se le imputan, puedo asegurar que esta misma mirada se sostiene a estas horas de la noche.

La fotografía como el adelantamiento de que la camioneta blindada se iba a ir sin él, que incluso el elemento de seguridad dejaría de ser su barrera y que nadie más le acompañaría en esta última sentencia.

Nada fácil, pero pareciera que sí justo, por aquello de que se de el cierre de la investigación de manera que no parezca una burla.

Emilio Lozoya llega al Reclusorio Norte
Emilio Lozoya. Foto de Twitter.