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La cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco estaba llamada a ser uno de los grandes errores de la 4T.

Hay días que el tamaño de esta pifia se olvida ante otras decisiones del tamaño de la destrucción legislativa en curso de la reforma energética, pero las consecuencias de la cancelación del NAIM tienen impacto en muchas áreas.

Fue, por mucho, la advertencia a tiempo para los inversionistas de que el sentido común en México se tomaría al menos un sexenio sabático y que a partir de ese momento, octubre del 2018, deberíamos esperar decisiones similares de la 4T.

Faltan todavía unos cuantos años para enfrentar las consecuencias en la aviación comercial de la cancelación del NAIM. La inoperancia de lo que se supone será el aeropuerto de Santa Lucía está anunciada desde el principio.

Y en el camino, empezamos a conocer con más claridad otra vertiente negativa de esta mala decisión: las consecuencias financieras.

El reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cuenta Pública del 2019 tiene más espinas que un coronavirus, pero en el capítulo aeroportuario deja ver el tamaño del costo del capricho de la cancelación del NAIM.

Ya era un escándalo que la 4T adelantara un costo de 100,000 millones de pesos para la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco cuando su único pecado era ser el proyecto de Enrique Peña Nieto y no de Andrés Manuel López Obrador. Se cansaron de buscarle los grandes casos de corrupción y hasta la fecha no han documentado uno solo.

Ahora, con la revisión a la Cuenta Pública del 2019, sabemos que el costo de la cancelación del NAIM alcanza los 332,000 millones de pesos. Cantidad que, por supuesto no incluye los costos de los parches que hace el ejército a la terminal militar de Santa Lucía para, supuestamente, hacer un aeropuerto internacional. Cantidades que, por supuesto, no habremos de conocer en muchos años.

Siempre estuvo claro que lo más conveniente era que este gobierno mantuviera la construcción del NAIM, que limpiara esos supuestos casos de corrupción y que con el poder que tienen como gobierno federal y con el control que tienen del gobierno de la Ciudad de México, dictaran el destino de los terrenos del aeropuerto actual que habría dejado de operar. Pero, lo dicho, el populismo autoritario mandó de vacaciones a las decisiones lógicas.

Pero todo esto que se acumula como evidencias de las malas decisiones y posibles malos manejos de la 4T no quedarán ni como una anécdota. La noticia del informe de la ASF tendrá muy poca difusión entre los amplios sectores que apoyan a este gobierno. Simplemente no se van a enterar.

Nadie va a presentar una denuncia de hechos ante la posible comisión de delitos en la cancelación del NAIM. Si alguien lo hace, no habrá seguimiento. Todo quedará enterrado por ahora.

Y si la pregunta llega esta mañana o cualquier otro día a la conferencia del Presidente, ya sabemos la estructura de la respuesta: son los adversarios que no quieren la transformación, todo está muy bien porque ellos no son iguales.