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Aquí me he referido a la crisis de los partidos, a los movimientos antisistema y a la polarización que caracterizan el momento actual. Y para entender cómo llegamos a este punto, he subrayado el papel de las redes sociales, la Gran Recesión y las crecientes desigualdades.

A estas causas de desasosiego habría que añadir la soberbia de una élite tecnocrática que vació de contenido moral el discurso político y desdeñó a la población, como lo argumenta el filósofo Michael J. Sandel en su más reciente libro La tiranía del mérito (2020).

Según él, la revuelta que atestiguamos es en contra de la humillación. La tiranía del mérito produjo soberbia entre los ganadores y resentimiento entre los perdedores. Los primeros, con la idea de que la cosa pública era un espacio reservado para ellos y, los otros, con la sensación de no ser tomados en cuenta.

Los ciudadanos se sintieron desempoderados y se rebelaron ante los partidos tradicionales, una tecnocracia que ni los veía ni los escuchaba, y la desigualdad de poderes que definía el orden establecido.

Me parece que esta lectura es indispensable para entender la revuelta política en muchos países y también creo que explica el éxito que ha tenido el presidente López Obrador para conectar con un amplio sector de la población.

Lo que a muchos analistas resulta incomprensible es justo lo que lo vincula con quienes por años se han sentido relegados: su desdén hacia las credenciales académicas, los estudios en el extranjero y los tecnócratas que colonizaron los órganos de gobierno.

Sus planteamientos de dar acceso a todos los jóvenes en las universidades públicas, desligar el bienestar del PIB y, por supuesto, su insistencia en las consultas ciudadanas, son otros temas que le suman y que responden al malestar que retrata Sandel.

En buena medida, la aprobación que mantiene el Presidente, aun en el contexto de la pandemia y la contracción económica, se debe a que ha logrado que los desempoderados se sientan escuchados, respetados y con un lugar en el espacio público.

El reto por delante es lograr que nadie se sienta excluido de ese espacio, ni siquiera las élites tecnocráticas que por tanto tiempo lo ocuparon como si fuese solo suyo.