Minuto a Minuto

Internacional Inmunidad contra intervención: Maduro combate el proceso impuesto por Estados Unidos
En su captura, EE.UU. mató a 47 militares venezolanos y 32 integrantes de las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia cubanos
Nacional Delfina Gómez destaca coordinación con Sheinbaum para transformar el Estado de México
Reconoció el respaldo del gobierno federal al Plan Integral para el Oriente del Estado de México, el cual contempla 121 obras y acciones
Nacional Sheinbaum descarta falla de la UNAM en examen de admisión y pide a alumnos no hacer trampa
En opinión de la presidenta Sheinbaum, la UNAM debió tomar en cuenta el posible uso de la inteligencia artificial en los exámenes en línea
mundial 2026 Mundial 2026 dejó una derrama turística de más de 42 mil mdp en México
La Ciudad de México se consolidó como el destino más concurrido del Mundial 2026 al captar a 4.4 millones de visitantes y aportar más de 25 mil 800 mdp
Internacional ¿Qué estados podrían resultar afectados por la tormenta tropical Bertha?
Habrá marea de hasta 4 pies de altura con marejadas que causarán "condiciones de oleaje y corrientes marinas que amenazan la vida": NHC

Al empezar este gobierno en 2018, recuerda Carlos Urzúa, la inversión en México era 22.4 por ciento del producto interno bruto; 3.3 por ciento venía del gobierno, el 19.1, de la inversión privada, nacional y extranjera.

Creer que había dinero público suficiente para su proyecto de cambio hizo pensar al nuevo gobierno que podía redefinir las reglas de la economía con su propia inversión.

A Urzúa le gustaba decir: “Nuestra inversión va a ser buena. Nuestra inversión pública va a ser de mucha calidad”. En sus cálculos la inversión total del país subiría de 22.4 a 25 por ciento del PIB.“¿Qué es lo que pasó ya para 2019?”, pregunta Urzúa. “Que en lugar de 22.9 por ciento de PIB, acabó siendo 20.2. ¿Por qué? Porque la inversión pública cayó, porque ya no hay dinero; y porque la inversión privada también cayó. . . por una falta de confianza, me parece a mí, en el gobierno federal”.

Deduzco de sus palabras que el gobierno no buscó persuadir a la inversión privada porque creía tener suficientes recursos públicos y suficiente poder político para cambiar las reglas generales de la inversión. El año 2019 demostró que eso no era así.

En 2020, con la depresión en marcha del coronavirus, el cuadro es más grave: la inversión privada y la pública han caído dramáticamente, pero el gobierno persiste en sus lemas de campaña: ni subir impuestos ni contraer más deuda. Es decir, que no habrá ni inversión privada ni recursos públicos para mitigar la depresión. Será una depresión montada a pelo.

El gobierno entendió la actual cascada de quiebra de empresas y pérdida de empleos como una repetición de la crisis bancaria de 1995, que dio lugar al Fobaproa. Cosas muy distintas, dice Urzúa:

“Una cosa es que venga a pedirte el sector financiero que lo rescates y otra cosa es que venga el sector real a decirte: ‘Ayúdame a que no tenga que despedir a tanta gente’. Es muy riesgoso dejar caer al sector real”.

Es el riesgo que estalla cada día en nuestro país: la destrucción de la economía real.