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No es difícil que los bancos centrales autónomos se tengan que enfrentar a diferentes presiones sobre cómo manejar la política monetaria.

En Estados Unidos era común que Donald Trump presionara a la Reserva Federal (Fed) para tratar de llevar las tasas de interés hacia una baja que se alineara con sus planes de expansión de la economía.

Los banqueros centrales de Estados Unidos no se dejaron presionar por el republicano que desde prácticamente el inicio de su mandato bombardeaba con declaraciones a la Fed para conseguir su objetivo.

Sin embargo, fue hasta el verano del 2019 cuando el banco central estadounidense bajó su tasa de interés de referencia por primera vez desde la Gran Recesión del 2008.

La pandemia de Covid-19 logró lo que no pudo Donald Trump, tirar las tasas de interés hasta 0% ante los efectos económicos que tuvo la rápida expansión de la enfermedad en Estados Unidos.

Y en este nivel actual, hubo una declaración de un personaje ajeno a la Fed y por lo tanto sin poder de decisión sobre el futuro de las tasas de interés que sí fue capaz de mover a los mercados financieros.

No fue el presidente Joe Biden metiéndose en los terrenos de la Fed, fue su secretaria del Tesoro, quien sugirió que podría ser necesario un ligero incremento en el costo del dinero para evitar un sobrecalentamiento de la economía estadounidense ahora que se aplican muy agresivos programas de expansión para salir de la crisis.

Y si esta declaración logró alterar los nervios de algunos inversionistas fue porque se trata nada menos que de Janet Yellen, la que hacía declaraciones sobre la política monetaria. Y si la ex presidenta de la Reserva Federal considera que hay que subir las tasas el mercado, lo toman más en serio.

Claro que hay ese componente de grilla por evidenciar que la secretaria del Tesoro se mete en los terrenos del actual titular de la Fed, Jerome Powell. Pero más allá de eso, ahí queda la advertencia de una experimentada experta en temas monetarios, quien parece advertir que podría haber presiones inflacionarias que acompañen este proceso de expansión artificial de la economía.

Por eso Yellen regresó a los micrófonos de la prensa para hacer dos consideraciones, la primera que no anticipaba presiones inflacionarias derivadas de los planes de rescate de Joe Biden y de paso a decir que, si alguien apreciaba la independencia de la actuación de la Reserva Federal, esa era ella.

Como sea, ahí queda la contradicción entre ese desliz de considerar como necesario un ligero incremento de la tasa de interés interbancaria y la posición oficial del banco central de que no sería necesario tocar el nivel del costo del dinero actual hasta el 2023.

No es una señal de pleito o de una visión diferente sobre cómo llevar la política monetaria en momentos de tal nivel de gasto público en la recuperación de la economía de Estados Unidos. Pero sí es una declaración que aviva un temor que hoy existe en los mercados: un repunte abrupto e importante de la inflación puede agarrar mal parado al banco central estadounidense.