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Tenía mucho tiempo que una reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal (Fed) no lograba tal consenso sobre su resultado. Pero como buena reunión de política monetaria en estos tiempos del final de la fiesta de los dólares, el nerviosismo será imposible de reducir.

Lo cierto es que, por donde se le vea, no hay razones para desconfiar de que el sentido común prevalecerá entre los tomadores de decisiones al interior de la Fed y mantendrán sin cambios la tasa de referencia entre 0 y 0.25% en la reunión de esta semana.

Hay en el mercado 6% de expectativa de que venga un incremento de la tasa de interés en la reunión de estos días. Quizá los que así lo creen tengan argumentos esotéricos o piensen que Janet Yellen y el resto de los que determinan la política monetaria podrían tomar la decisión de un aumento preventivo.

Porque si el parámetro es, como debe ser, el comportamiento de los indicadores económicos, no hay manera de prever una modificación a las tasas ni esta semana ni en diciembre, y quizá ni al arranque del 2016.

Cuando los hipercreativos banqueros centrales en tiempos de Ben Bernanke diseñaron sus planes de tasas en cero y programas de compra masiva de bonos, imaginaban el final de su arriesgada estrategia en una especie de cruce en la pista, entre el despegue de la enorme economía estadounidense a la par que aterrizaban sana y salva la política monetaria.

Pero si seguimos con esta analogía, el avión carguero que portó la más heterodoxa política monetaria de Estados Unidos no puede aterrizar en estos momentos simplemente porque la economía estadounidense sigue carreteando sin poder despegar.

El intento de levantar el vuelo se frustró por varias razones, entre otras porque hay miedo por parte de muchos de los participantes del mercado respecto de que una falla en el cálculo de aterrizajes y despegues lleve a una colisión aérea entre la economía y la política monetaria.

Lo que tiene que hacer la Fed es dar señales claras de que alejará de la zona de operaciones la amenaza de aterrizaje para permitir la pista libre a una economía todavía muy débil.

El parte meteorológico para la Fed es favorable a mantener el statu quo algunos meses más: el combustible, que son los dólares, son de su propia fabricación.

Los datos del empleo no han mejorado realmente, porque si bien la tasa de desempleo está en niveles cercanos a 5%, hay un apartado de subempleo que deja ver a casi 16 millones de estadounidenses que no trabajan o lo hacen de manera parcial e inconformes con sus labores y sus ingresos.

La inflación es todo menos un problema. El cero donde se encuentra se explica por la baja en los precios de los combustibles y en la ausencia de presiones de otros rubros.

Y toda la periferia mundial está en crisis. El comercio estadounidense con Europa, con Asia, con los emergentes, se mantiene deprimido y presionado por la fortaleza del dólar.

Entonces, si los tomadores de decisiones de la Fed no van a subir las tasas este miércoles, al menos deberían despejar los cielos para que sean un factor menos de preocupación para los inquietos pasajeros de la economía y las finanzas del mundo.