La falta de chips, nuevo lastre para la recuperación

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Enrique CamposLa Gran Depresión

No hay todavía claridad del alcance de la queja de Katherine Tai, la representante comercial de Estados Unidos, pero es evidente que en Washington ya voltearon a ver con enfado muchas de las políticas de la 4T que han afectado intereses estadounidenses

El motor de la recuperación de la economía mexicana será el sector exportador, básicamente porque Estados Unidos está en un acelerado proceso de recuperación económica y el mercado interno mexicano sigue aletargado.

Claro, hay que ver los alcances de las preocupaciones del gobierno de Joe Biden sobre la manera como México ha manejado sus obligaciones dentro del acuerdo comercial de América del Norte, el T-MEC.

No hay todavía claridad del alcance de la queja de Katherine Tai, la representante comercial de Estados Unidos, pero es evidente que en Washington ya voltearon a ver con enfado muchas de las políticas de la 4T que han afectado intereses estadounidenses.

Si no hay un freno en Estados Unidos a las importaciones mexicanas, en represalia por ese mal trato del gobierno de Andrés Manuel López Obrador al sector privado, nacional y extranjero, será el sector exportador el que permita que el Producto Interno Bruto mexicano tenga mejores resultados a partir de este segundo trimestre del año.

Por supuesto que el principal problema que enfrenta la economía del mundo es la velocidad de contención del Covid-19 con el proceso de vacunación. En la medida en que tenga éxito y alcance global, el comercio internacional habrá de crecer también.

Pero hay otro obstáculo que también es mundial y que ha desacelerado a muchos sectores exportadores. Hay en el mundo una falta de chips, estos componentes electrónicos de alta especialidad que son insumos indispensables en varias líneas de producción.

La pandemia de SARS-Cov-2 tiene mucho que ver con esta crisis. No sólo por la suspensión de actividades productivas en esa y otras industrias, sino también por un cambio de hábitos de los humanos encerrados en sus casas que demandaban más productos electrónicos para sus actividades intramuros.

Y en el despegue tras el encierro, una demanda extraordinaria de bienes de consumo, como los automóviles.

El sector que más evidencias muestra de un efecto negativo por la falta de estos componentes es el automotriz. México ya resiente esto en las exportaciones de autos. Durante el primer trimestre del año las exportaciones del sector automotriz cayeron 4.8%, a diferencia del resto de las exportaciones no petroleras que subieron, justamente por la falta de estos componentes, no por una caída en la demanda.

Pero la necesidad de chips va más allá de lo obvio con los automóviles, los teléfonos celulares o las consolas de videojuegos. En Estados Unidos calculan que al menos 169 industrias se han visto afectadas en diferentes grados por esta carencia.

Desde la fabricación de jabones hasta la industria automotriz que destina 4.7% del Producto Interno Bruto de ese sector a comprar chips para sus autos. En fin, una afectación mayúscula y con la expectativa de que podría extenderse este retraso en la proveeduría de esos componentes electrónicos hasta el 2022.

Porque hacer un chip, dicen los expertos y además lo dicen en lenguaje altamente técnico, no es enchílame otra.

Puede, entonces, la carencia de estos componentes extenderse a otros sectores manufactureros establecidos en México y con ello forzar paros técnicos en las líneas de producción. Esos retrasos afectarán a ese único motor que este país tiene para levantarse de más de dos años de recesión.

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