Diego Velázquez de Cuellar, el gobernador de Cuba, era un hombre temperamental, que un día podía amenazar a un hombre con la muerte o azotes y al otro día olvidar el problema e invitarlo a comer.

Era voluble, de un carácter fuerte y radical. También era muy corpulento, con evidente sobrepeso durante su madurez, lo que impidió que él mismo realizara los viajes de exploración que asignó a sus capitanes y familiares.

A los 28 años participó en el segundo viaje de Colón. Posteriormente, fue uno de los primeros colonos de la isla La Española, donde labró una fortuna. Así como los vientos cambian su dirección, así cambiaba su favor y sus decisiones el gobernador de Cuba.
A pesar de que la expedición de Francisco Hernández de Cordoba (1517) fue un gran fracaso, el gobernador rápidamente organizó una segunda expedición, motivo principalmente por la codicia que fue alimentada poco a poco al escuchar los relatos de los hombres que sobrevivieron el viaje.

Llamaba su atención saber que existían poblaciones nativas con altos niveles de organización y sofisticación, no como los hallados en las islas caribeñas ya ocupadas por los “españoles”, las actuales Jamaica, Cuba, Haití y Puerto Rico. En particular llamaba su atención las descripciones que había escuchado de las grandes ciudades hechas “de cal y canto”, algunas de ellas con muchos templos, llamados mezquitas por los españoles, que se podían ver desde el mar.

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Juan de Grijalva según el libro Historia General de los Hechos de los Castellanos, de Antonio de Herrera y Tordesillas.

Para dirigir la expedición nombró a Juan de Grijalva de 28 años, natural de Cuéllar, quien se dice que era su pariente y posiblemente su sobrino. El joven Grijalva llegó a La Española en 1508 y en 1511 viajó a Isla Fernandina en, la actual Cuba, donde Diego Velázquez ya era gobernador. Después de varias semanas de preparativos, la expedición compuesta por cuatro barcos y entre 170 y 300 hombres partió el primero de mayo del puerto de Matanzas en dirección de la península de Yucatán.

Entre los integrantes destacados se encontraban Bernal Díaz del Castillo, Pedro de Alvarado, Alonso de Ávila y como piloto mayor Juan de Alaminos. El 3 de mayo llegan a la isla de Cozumel cual es bautizada como Santa Cruz, donde días después el capellán de la expedición, Juan Díaz, realizaría la primera misa en lo que sería el futuro territorio mexicano.

Este capellán sevillano también participaría en la “expedición de los ángeles” realizada por Hernán Cortés en 1519, sobreviviendo la guerra contra los mexicas y encontrando la muerte hasta 1549. La expedición de Grijalva continuó su recorrido por la costa este de Yucatán hasta llegar a Bahía de Ascensión donde viraron hacia el norte, bordeando la península. Durante esta parte del trayecto se maravillaron al observar la antigua ciudad maya de Tulum. Juan Díaz nos deja la siguiente descripción:

“Corrimos el día y la noche por esta costa, y al día siguiente, cerca de ponerse el sol, vimos muy lejos un pueblo o aldea tan grande, que la ciudad de Sevilla no podría parecer mayor ni menor, y se veía en él una torre muy grande.”

El trayecto los hizo pasar por Isla Mujeres y posteriormente Cabo Catoche hasta llegar a Tierra Lázaro, en el actual Campeche, donde se aprovisionaron de agua.

Los nativos salieron a recibirlos y a ofrecerles alimentos llegando al punto de realizar intercambios o como le llamaban los españoles, rescates.

Al siguiente día el cacique de la región o posiblemente un sacerdote prendió un sahumador y les advirtió que tenían que irse antes que se consumiera el fuego de su interior. Ante la negativa de los españoles se desarrolló un combate donde hubo bajas en ambos bandos, siete muertos y setenta heridos entre ellos Grijalva debido a un flechazo que recibió en la boca y que le tiró varios dientes. 

Finalmente reembarcaron y siguieron navegando hasta arribar a Cabo Catoche, lugar donde fue diezmada la expedición de Hernández de Córdoba. Fueron recibidos por gran cantidad de canoas tripuladas por hombres vestidos para la guerra y armados con arcos. Las embarcaciones nativas fueron dispersadas con dos tiros de la artillería que llevaban a bordo. Juan Díaz relata que el capitán no los dejo desembarcar en el Lugar de la mala pelea a pesar de ver “casas de piedra, y en la orilla del mar una torre blanca.”

El 31 de mayo llegaron a boca de Laguna de Términos, fue bautizado como Puerto Deseado y que ahora conocemos como Puerto Real. Fueron bien recibidos por indígenas con quienes nuevamente intercambiaron presentes antes de seguir adelante bordeando tierras tabasqueñas.

Al poco tiempo de haber zarpado vieron “una corriente de agua muy grande que salía de un río principal, el que arrojaba agua dulce cosa de seis millas mar adentro. Y con esa corriente no pudimos entrar por el dicho río, al que pusimos por nombre el Río de Grijalva”, el gran y único legado del capitán de la fallida expedición de 1517 al punto que en la actualidad mantiene su nombre.

Cerca de su desembocadura del famoso río, en el lugar llamado Potonchán, en el actual estado de Tabasco, decidieron desembarcar y realizar nuevamente rescates de oro. A través de los nativos Melchorejo y Julianillo, quienes habían sido capturados durante la expedición de Fernández de Córdoba, lograron entablar un dialogo amistoso con los nativos de la región, logrando incluso que el cacique de los mayas chontales de la región Tabscoob se presentara.

El capitán y el cacique realizaron un intercambio amistoso, el primero entregó algunas láminas de oro y tocados de plumas de hermosos colores y recibió del europeo un jubón de terciopelo verde y unas alpargatas rosadas.

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Monumento a Tabscoob en Villahermosa, Tabasco.

Durante este episodio, y gracias a la intervención de los dos traductores indígenas, Grijalva supo de la existencia de un lugar llamado Culúa, donde gobernaba un poderoso señor que tenía oro en abundancia, lo añorado y anhelado por los españoles.

En realidad, Tabscoob se refería a un grupo social y no a un lugar, aunque los españoles lo interpretaron así. Recordemos que los mexicas se consideraban herederos de la cultura tolteca debido a que durante su peregrinaje entablaron relaciones con el altepetl de Culhuacán donde se encontraban los últimos remanentes de la sabiduría tolteca. Como ya mencionamos, las relaciones entre los mexicas y el importante señorío culhua fueron cortas y poco fructíferas.

De inmediato la expedición se dirigió en busca del lugar llamado Culúa. Pedro de Alvarado quien capitaneaba una nave se adelantó a las otras tres, llegando primero al actual río Papaloapan, el cual fue nombrado Alvarado. Al navegar por sus aguas se encontraron con algunas canoas tripuladas por indígenas provenientes de Tacotalpa. Fue grande la alegría de los españoles cuando los nativos les ofrecieron pescado fresco, antes de regresar y reencontrarse con las otras embarcaciones para seguir la navegación hacia el oeste.

El 19 de julio, Grijalva desembarcó en la isla que ahora conocemos como San Juan de Ulúa, ubicada frente a los arenales de Chalchicueyecan. El nombre Para el 24 de julio, llegaron al río Jamapa, donde Grijalva se entrevistó a través de los traductores mayas con dos embajadores de Motecuhzoma, llamados Teutlamacazqui y Cuitlalpitoc.

Estos personajes de alta importancia, posiblemente calpixques, representantes de la Triple Alianza cuya principal función era recolectar el tributo de las poblaciones subyugadas, le obsequiaron a los recién llegados presentes de gran calidad, muchos hechos de oro puro.

El sentimiento de codicia afloró entre los españoles, al grado que presionaron a su capitán para fundar un asentamiento en esas tierras, a lo cual Grijalva se negó rotundamente, decisión de la que se arrepentiría el resto de su vida. En cambio, decidió enviar a Pedro de Alvarado de regreso hacia Fernandina para presentarle el botín a Diego Velázquez.

Los tres barcos restantes continuaron la ruta de exploración hacia el noroeste hasta que empezaron a escasear las provisiones después de 5 meses de haber abandonado la isla. Al llegar a la desembocadura del río Pánuco decidieron regresar.

Llegaron a Santiago de Cuba el 21 de septiembre de 1518. Como dato curioso, de acuerdo a Díaz del Castillo la expedición de Grijalva olvidó una perra lebrela en la isla de Términos. Después de diez meses la perra fue encontrada por la flota de Cortés, quienes la encontraron con un buen semblante ya que se había alimentado de conejos, liebres y ciervos de la región. Cortés contrario a Bernal, asevera que la perra llegó a tierras mesoamericanas con la flota de Hernández de Córdoba.

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Encuentro entre Grijalva y el cacique maya Tabscoob, ocurrido en Potonchan.

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