Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La cobertura de un Apocalipsis

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

Hoy también deberíamos de recordar que lo mucho que sabemos de la bomba atómica en Hiroshima, es gracias a las fotos publicadas en nuestros libros de historia

Hace 75 años la tierra sobrevivió al un ataque atómico, fue en Japón donde un 6 de agosto una bomba nuclear destruyó la ciudad de Hiroshima.

Si nos remontamos un poco en el tiempo, imaginemos a Paul Tibbets, un comandante norteamericano que caminaba hacia su avión de combate B-29 sabiendo que cambiaría la historia entre dos países y que mataría a miles de personas. Bueno, quiero pensar que lo sabía.

 

 

Se subió a su avión para elevarse al cielo desde la base de aérea de la isla de Tilián, rumbo a Japón. Él traía una bomba que soltaría a 9,500 mts de altura, no podría imaginarme si tuvo un corazón frío como un témpano y que no tuviera un poco de temor en su interior, o al menos que no sintiera una ligera culpabilidad, nunca lo sabremos.

 

 

Minutos más tarde, sobrevolando el centro de Hiroshima lanzó la bomba que explotaría a unos 600 mts antes de tocar el suelo, provocando que se liberara una potencia fulminante que matarían a más 70mil personas.

Para los más jóvenes que me leen en este momento, imaginen que la explosión que vimos el martes pasado en Beirut fueran aproximadamente la equivalencia a unas 240 toneladas de TNT, mientras que la bomba lanzada por el país norteamericano hace 75 años fue de 16 mil toneladas de TNT.

 

 

El día de hoy el New York Times publica un artículo dirigido a los fotógrafos que cubrieron semejante ataque, aquellos que no esperaban ser testigos de un hongo de nubes gigante, de escenas terroríficas, de muertos, de rostros desfigurados y de personas afectadas por la radiación.

Hoy en día los fotoperiodistas que han acudido a documentar lo que sucede en hospitales o en crematorios por el virus del COVID-19, lo han hecho con equipo para protegerse, guantes, trajes de astronauta, lentes tipo googles, cubre bocas, han llevado su propio antibacterial o sanitizante.

Imaginen que en ese momento, a los fotoperiodistas que enviaron algunos medios, le dijeron “ve” y llegaron así, con su ropa , con su cámara y con la idea de que capturarían una terrible situación, pero no una escalofriante realidad que también los pondría a ellos en un inminente peligro.

Como el fotógrafo Eiichi Matsumoto murió, quien falleciera ya en el 2004, fue de los primeros en encontrar que el desastre que encontraría en Hiroshima y Nagasaki estaba en otro nivel nunca antes visto.

 

 

En ese tiempo, Eiichi tenía 30 años y fue enviado por un diario japonés a fotografiar el desastre que había provocado el ataque de Estados Unidos.

Imaginemos a un joven lleno de adrenalina y de energía que seguramente se llevó la sorpresa de su vida al tener frente a sus ojos la nota periodística que podría llevarlo a la fama. ¿Cuántos rollos habrá llevado? ¿Cuántos paquetes de pilas llevaría en su maletín?

No le sería fácil acercarse a personas desfiguradas por el calor, o a quienes tenían manchas rojas en la piel como señal de los daños por la radiación o incluso a quienes se encontraban en las calles cremando a sus familiares.

“Por favor, le ruego que me deje fotografiar sus dolores o heridas más fuertes. Permítame hacerle ver a la gente en el mundo la tragedia apocalíptica que han atravesado, sin decir una sola palabra.”

 

 

¿Se lo imaginan? Una sensibilidad que sin duda, el piloto norteamericano no creo que haya tenido.

El NYTimes, publica imágenes que son importante verlas para recordarnos que seguimos siendo vulnerables, y que en cualquier momento el odio y la enfermedad de un país por sentirse poderoso, puede acabar con todo.

Imágenes de relojes en las paredes que se detuvieron pasadas las ocho de la mañana cuando fue la explosión, testimonios visuales de quienes acostados se dejaban fotografiar con quemaduras extremas en sus cuerpos, de edificios desolados, de personas sanas ayudando a los más enfermos cubriéndolos con sábanas, toallas o lo que tuvieran para llevarlos a la Cruz Roja.

El reportero Michiko Tanaka, autor de uno de los libros que describes la historia de Japón, sostiene que la gente, en especial los japoneses, siguen interesados en conocer los testimonios de los sobrevivientes, de documentos y de cualquier información sobre la bomba atómica.

Y retomo una de sus frases del reportaje “Creo que las fotografías son un poderoso medio y juegan un rol crucial para entender las circunstancias alrededor de la bomba atómica.”

La gente guarda en su memoria un sin fin de imágenes que los hacen recordar el desgaste emocional y el impacto en la humanidad, que puede provocar una guerra.

Al igual como el testimonio también del fotoperiodista Shigeo Hayashi, también ya fallecido, a la hora de documentar lo sucedido “Presionaba el botón de disparo casi inconscientemente para capturar lo que pasaba frente a mi”.

Seguramente por las restricciones de conocer los trabajos visuales del ataque por parte de Estados Unidos ha sido que el fotoperiodismo no tiene a estos nombres en lo alto, para aprender, para conocer sus trabajos y su forma de realizar un trabajo en medio de un apocalipsis.

Todos hemos estado cerca del infierno que puede ser, gracias a personajes como Natchwey pero Havashi, Matsumoto o Shunkichi Kikuchi, por solo mencionar a tres, también son grandes ejemplos de cómo realizar una cobertura periodística, aún cuando el dolor humano se les permea por la pie.

Hoy también deberíamos de recordar que lo mucho que sabemos de la bomba atómica en Hiroshima, es gracias a las fotos publicadas en nuestros libros de historia.

 

Fotos: Shigeo Hayashi, Eiichi Matsumoto, Shunkichi Kikuchi.

 

Por Laura Garza

Comunicadora, fotógrafa, editora y columnista

Twitter: @LauraGarza

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