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Javier Corral, gobernador de Chihuahua, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos, podrían hacer una buena dupla. Histriónicos como son, podrían armar un buen sketch de carpa, como aquellos de Palillo, pero hoy pueden servir de ejemplo a este país para planear una mejor estrategia fiscal.

Vamos por partes. Uno de los pocos logros que ha tenido el republicano durante el primer año de su gobierno es su reforma fiscal, que a pesar de los cambios que sufrió en el Congreso, respeta la esencia de la forma de pensar de Donald Trump: sacrificar ingresos tributarios para beneficiar a los grandes contribuyentes.

Lo que viene para los estadounidenses es una tasa de impuestos menor para los grandes capitales, a cambio del recorte de algunos gastos que afectarán a los ciudadanos de menores ingresos. Esa postura regresiva es altamente congruente con la forma de ser de magnate-presidente de ese país.

Esta reforma fiscal estadounidense ha obligado a plantear la necesidad de un cambio en ese sentido en México para contrarrestar una posible salida de capitales.

Sólo que bajar impuestos a los más ricos, recortar programas sociales y eventualmente elevar impuestos generales parecería no ser una fórmula muy popular y menos en año electoral. Si en Estados Unidos van a un esquema regresivo, no hay por qué replicarlo de este lado.

Además, no son pocos los analistas que entienden que con esta reforma fiscal Donald Trump está encendiendo la mecha de una bomba de desequilibrio presupuestal que no tardaría muchos años en explotar.

Ante eso también hay que estar preparados y un adelgazamiento de los ingresos para presumir impuestos baratos no sería una buena estrategia mexicana.

Aquí es donde podemos cruzar los caminos de Trump con Javier Corral.

Resulta que en el montaje que ha llevado a cabo el gobernador de Chihuahua, donde vincula temas judiciales con presupuestales con un evidente toque electoral, ha permitido poner al descubierto una vieja discusión tributaria en este país: los estados no recaudan lo suficiente a pesar de tener las facultades y las capacidades para hacerlo.

Si mezclamos la necesidad de una reforma fiscal mexicana para hacer frente al paquete de impuestos de Trump con las evidencias que aporta Corral de que los estados y municipios tienen facultades fiscales no explotadas, podemos tener un esquema en donde los ingresos estatales aumenten desde sus propias instancias.

Para no subir el IVA, las entidades pueden cobrar de mejor manera el Predial, por ejemplo.

Además, ante las estridencias de Corral, la Secretaría de Hacienda dejó claro que las entidades del país tienen transferencias discrecionales de recursos que superan los presupuestos aprobados. Ante tal confesión, hay evidencias de grandes cantidades de recursos que se pueden ahorrar. Así que los otros gobernadores podrían agradecer a Javier Corral haberlos balconeado así.

Ante la reforma fiscal de Trump, hay que echar mano de las evidencias que ahora nos regala Corral: los estados y los municipios pueden y deben cobrar impuestos para sustentar sus propios gastos, y reciben miles de millones de pesos discrecionales que no les tocan.

ecampos@eleconomista.com.mx