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Querid@s amig@s de “Política Gourmet”, para este jueves les traigo un platillo que aunque muy sobado en todas las mesas mexicanas, siempre requiere de un tratamiento muy especial, porque de no prepararlo adecuadamente podemos acabar sirviendo a nuestros comensales algo sumamente indigesto. Me refiero a los tradicionales huevos ahogados a la mosca muerta o a la tlatoani.

INGREDIENTES

–       Aquí el cocinero es e-sen-cial. Así que se sugiere a un pinche de tez paliducha (amarillento, pues) y dizque zurdo (o sea, izquierdoso), aunque en lo oscurito use filipina de tres colores (verde, blanco y rojo)

–       Varios huevos procedentes de distintas canastas. Servirán mejor aquellos que casi estén podridos, quebrados o caducados… es más, si quiere utilizar algunos que estén en el cesto de la basura ¡mejor! En Guerrero, Sinaloa, Oaxaca, Morelos e incluso en el Distrito Federal y Zacatecas hay varios basurales para ir a recolectarlos

–       Unas ramitas de azafrán (que venga amarrado con ligas, ¿eh?). Si los huevos no son lo suficientemente amarillos de la yema (que nunca lo serán, pa’qué engañarnos, aquí en México no se consiguen de esos), pintelos con azafrán del más barato, de todos modos nunca van a agarrar color

–       Para la salsita consiga tomates, chiles y cebollas cultivados con engaño, resentimiento e hipocresía

–        Sal de grano social al gusto

–       Pimienta de amnesia

PREPARACIÓN

Así de golpe y sin avisar, aviente todos los huevos en una olla de barro (compre una barata, para que no le duela el codo por si se quiebra por los movimientos bruscos) barata, los ingredientes no requieren ser incorporados bajo ningún orden de importancia, al fin que cualquier acabará sintiéndose más importante en la receta que los mismos huevos. Y para aquellos huevos que no agarren el color amarillo, use el azafrán a discreción, al fin que nadie se va a dar cuenta que en lugar de ser de gallina a lo mejor son de dinosaurio o mapache (¡ah, caray! me acaban de decir que los mapaches no ponen huevos; no importa, me voy a aferrar hasta convencerlos que sí). No olviden poner la salsita verde, la sal y la pimienta porque estos condimentos ayudarán a aplacar el olor a rayos y centellas de este nauseabundo platillo.

Ya una vez que estén bien blancas las claras y totalmente desparramadas las yemas, saque la vajilla de platos desechables (no vale la pena que use la de porcelana) y llame a todas las tribus… ¡perdón!, invitados, a degustar de estos huevos ahogados hasta que se atraganten. No se sorprenda si a media degustación alguno de los comensales decide pararse para irse a comer a las fondas “El Peje Moreno” o “El Mesón de Lola & René”

¡Provecho!