América Latina no es un continente homogéneo, pero tiene su reloj puesto a la misma hora en varias cosas. Se independizó de España al empezar el siglo XIX.

Tuvo una experiencia común de autodestrucción en la primera mitad de ese siglo. Los países produjeron caudillos pero también constituciones, de modo que conviven en su historia la tradición del caudillo y la del constitucionalismo.

A fines del XIX y principios del XX, los países del continente tuvieron un progreso relativo, detenido por la Primera Guerra.

La crisis de 1929 tuvo un gran impacto político: proliferaron en la región gobiernos dictatoriales y autoritarios. Los 1940s trajeron proteccionismo industrial, sustitución de importaciones y Estados “fuertes”, autoritarios e intervencionistas.

Luego del golpe de Estado en Guatemala (1954), y de la revolución cubana (1959), Estados Unidos amparó en los 70s y los 80s dictaduras militares en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Uruguay.

Los países de la región, entorpecidos por sus Estados “fuertes” y sus deudas públicas, tuvieron en los 1980s una década perdida. En los 1990s, al terminar la guerra fría, cayeron las dictaduras del continente, salvo Cuba, y floreció la democracia.

Con la democracia, llegaron las reformas del Consenso de Washington, evangelio de lo que llamamos hoy neoliberalismo. Como reacción a esto, y a los terremotos financieros de fin del siglo XX,  la región tuvo “media década perdida” al empezar el XXI y luego gobiernos de izquierda, elegidos democráticamente, en los principales países.

Entonces vino China, que echó sobre las economías de la región el mayor ciclo de compra de materias primas de su historia, desde la época colonial: petróleo, cobre, carne, soya, todo. Nacieron así en América Latina los gobiernos de la marea rosa, de izquierda reformista, no revolucionaria.

Estos gobiernos tuvieron mucho dinero por las compras chinas y sacaron a mucha gente de la pobreza. Pero no modernizaron sus economías. Cuando el boom chino terminó, ellos terminaron también en Argentina, Brasil, Perú, Ecuador, Chile.

Hoy la pandemia hace girar otra vez el péndulo. La izquierda regresa al poder en la región, con México incluido como parte del eje de izquierda latinoamericano.  Esto último sí es novedad.