adie puede decir lo que sucederá con las elecciones de 2024, pero es posible enunciar algunas reglas sólidas de observación de los hechos políticos para prever con razonable anticipación quién ganará la Presidencia.

1. Si el oficialismo se mantiene unido, será difícil de vencer en 2024.

2. Si la oposición se presenta unida puede ganar. Si su unidad incluye a Movimiento Ciudadano, el margen del triunfo puede ser mayor.

3. Si el oficialismo se mantiene unido y la oposición se presenta desunida, el oficialismo ganará fácilmente.

4. Si el oficialismo se divide y la oposición se presenta unida, el oficialismo perderá.

5. Si el oficialismo se divide y la oposición se presenta dividida, puede ganar quien sea. Las combinaciones anteriores dependen de lo que pase en el ámbito de negociación de los políticos profesionales que manejan los partidos, tanto del oficialismo como de la oposición.

Hay una variable relativamente independiente de lo que decidan los políticos.

Es el ámbito de la participación ciudadana, el número de los que acudan a votar. Entre mayor sea el número de votantes menor será el espacio de influencia de los “operadores electorales”.

Entre más votantes menos manipulación de los partidos. Esta es la otra gran batalla de 2024, no la de los candidatos y los partidos contendientes, sino la de los votantes que vayan a las urnas.

Un estudioso del abstencionismo electoral, Carlos Hernández Torres, ha descubierto en este ámbito una realidad preocupante para cualquier democracia. (https://bit.ly/3mADlei).

A saber, que el mayor partido de México es el del abstencionismo y que el mayor porcentaje de abstencionistas está en la población más educada y con más bienes económicos en su hogar.

Las decisiones fundamentales de este gobierno van en contra de esas franjas de la población, que podríamos llamar, en general, “clases medias”.

El gobierno no es amigo, ni en el discurso ni en los hechos, de las clases medias, pero el mayor enemigo de éstas lo llevan dentro: es su marcado abstencionismo electoral, bajo él uno puede oler el desprecio a la política y a los políticos que habrán de gobernarlos. Se abstienen entonces de decidir quién los gobernará.

Así les está yendo.