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Hace 40 años, en una sesión conjunta del Congreso, un joven senador de Delaware, Joseph Biden, oyó al entonces presidente Ronald Reagan decir las palabras que marcarían una época: “Nuestro gobierno es muy grande, y gasta mucho”.

Empezaba la era del consenso de hierro, en Estados Unidos y en Occidente, sobre la conveniencia de achicar el gobierno, contener el gasto público, desregular el mercado y desocializar el Estado.

Durante los siguientes 40 años, Biden y su partido, los presidentes demócratas y desde luego los republicanos, vivieron bajo la sombra de aquellas palabras, con la certeza, probada en muchas elecciones, de que toda propuesta de crecer el gobierno tendría mal efecto en los votantes. Y de que en materia de políticas sociales había espacio solo para cambios pequeños, de laboriosa negociación y mezquinos resultados en el Congreso.

El supuesto de estas restricciones de época, un tanto macabro tratándose de la democracia más vieja del mundo, era que El Gobierno era esa cosa corrupta que sucedía en Washington, entre políticos profesionales ajenos a la gente, interesados solo en gastar y en servir a sus clientelas, cada vez más los poderes fácticos, cada vez menos los ciudadanos, hijos del esfuerzo y del trabajo del sueño americano.

La semana pasada, dice Lisa Lere, en su imperdible columna “On politics” de The New York Times, Joseph Biden dijo las palabras contrarias a este consenso sobre el tamaño del Estado y sobre la representatividad del gobierno. Dijo: “Ya es hora de recordar que nosotros, el pueblo, somos el gobierno. Ustedes y yo. No alguna fuerza en una capital distante” (columna).

Fue un modo elocuente de decir adiós a Reagan, no por la fuerza de las palabras sino porque venían precedidas de profundas decisiones previas en el sentido contrario al mantra del gobierno chico.

Todo en el inicio del gobierno de Biden, el tamaño sin precedentes del gasto público, la variedad de las políticas sociales , la rapidez y la profundidad de las decisiones, perfilan años de un gobierno enorme, capaz de imaginar un país más rico y más justo de lo que pudo entregar el mercado en los años del consenso de Reagan.

Algo grande y digno de atención está sucediendo en Washington.