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En la economía contemporánea, el talento es el factor más escaso. Por eso se habla del sistema económico dominante en el siglo XXI como un capitalismo del talento. El futuro pertenece a quienes sean capaces de desarrollar, atraer y emplear el talento.

En México sabemos esto, pero no actuamos en consecuencia. Una prueba de ello es el retroceso que hemos sufrido en el ranking mundial de talento que realiza la prestigiosa escuela de negocios suiza IMD. Esta clasificación aspira a medir el éxito de un país en el desarrollo de talento local y en la atracción de talento foráneo. Como un tercer pilar, se enfoca en evaluar la disponibilidad de talento para quienes podrían emplearlo en el sector productivo.

Estamos al fondo de la tabla. Uno de los puntos mas débiles de México, dice el informe del IMD, es el bajo interés por atraer y retener talento. En la clasificación general somos el lugar 61 de 63, sólo estamos por encima de Mongolia y Venezuela. Lo peor es que en los últimos cinco años hemos perdido terreno. Estábamos en el lugar 52 en el 2014 y ahora estamos nueve posiciones más abajo en el ranking 2018 que se dio a conocer esta semana.

La caída de México al fondo de la tabla tiene que ver con un declive generalizado en todos los rubros, indica el documento elaborado por el centro de investigaciones para la Competitividad Global de la IMD, en asociación con 55 centros de investigación en todo el mundo.

En México cae la inversión total en educación y se instala una percepción negativa respecto a lo que está pasando con el interés de las empresas en el entrenamiento o capacitación de sus trabajadores. Hay también un problema de fuga de cerebros y bajos niveles de motivación en los empleados. Con tantos focos rojos en el tablero, parece rudeza innecesaria referirse a los puntos más débiles: la seguridad personal y poco interés en la atracción y desarrollo de talento. Las mejores puntuaciones de México se encuentran en costo de vida, donde hay un notable quinto lugar, y en la remuneración o pago de los ejecutivos, donde ocupa la posición 22.

La clasificación de los países combina información dura con encuestas de percepción. Los datos duros que entran en la ecuación son inversión en educación, porcentaje de mujeres en la fuerza laboral y niveles de remuneración. La percepción trata de capturar respuestas objetivas a cuestiones del tipo: ¿Los trabajadores están motivados? ¿Funcionan los programas de aprendices?

Esta clasificación se empezó a hacer en el 2014 y se construye a partir de tres pilares: inversión y desarrollo de talento; capacidad de atracción, y disponibilidad del talento. El ranking coloca en los primeros lugares a países ricos de Europa. Suiza, Dinamarca, Noruega, Austria y Holanda. Ser países ricos les permite invertir en educación y salud, además de contar con un Estado de Derecho. A la larga esto se convierte en un círculo virtuoso: la riqueza cultiva talento, permite retenerlo y atraerlo en las áreas donde hay escasez.

Para los países que están al fondo de la tabla, como México, el reto es romper el círculo vicioso. El primer paso es reconocer que tenemos un problema: no valoramos el talento como lo que es, el principal factor de competitividad en el siglo XXI.