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Si se ponen a un lado las mentiras de ida y vuelta cambiadas anteayer por los presidentes de México y de Estados Unidos, puede decirse que el encuentro les salió bien a los dos.

Cada quien consiguió lo que quería: el presidente Trump una plataforma para hablarle a votantes mexicoamericanos; el presidente López Obrador una imagen de gobernante diestro, capaz de una visita exitosa a la boca del león.

¿Por qué poner a un lado las mentiras? Porque ponerlas en el primer plano no ayuda a entender lo que pasó.

Mentir es parte convenida de la diplomacia y a ninguno de los dos presidentes les preocupa decir mentiras, grandes o chicas, si éstas tienen rendimientos políticos. Si conviene políticamente, los dos están dispuestos a decir lo que convenga.

Creo que esto es lo que sucedió entre Trump y López Obrador. Pactaron cambiar sus viejas palabras de confrontación por nuevas palabras de convergencia. Trump recogió desmedidos elogios diplomáticos del Presidente mexicano, y le devolvió desmedidos elogios diplomáticos.

Al presidente Trump le urgía cambiar su discurso antimexicano para mantenerse competitivo en el voto latino, particularmente en el estado de Texas, donde Biden lo empata en las encuestas.

Sin ganar Texas, es imposible para Trump ganar la presidencia. Véase a este respecto el preciso análisis de Jorge Castañeda en la página electrónica de Nexos.

Al presidente López Obrador le urgía una victoria de cualquier tipo, y logró pactarla diplomáticamente en el lugar aparentemente más riesgoso para él. La reacción de los partidarios y colaboradores del Presidente mexicano celebrando el encuentro como un momento nunca visto de la diplomacia, muestra la urgencia de una victoria que había en ellos.

Siento que también en los medios había cierta necesidad de cantar un triunfo del presidente López Obrador, porque la racha de malas noticias empezaba a ser asfixiante. Peor: empezaba a ser juzgada, por el propio Presidente, como oposicionismo conservador, lo cual, en el México de hoy, es anatema.

Los dos presidentes han podido cantar victoria en esta jornada, y vuelven, fortalecidos, a sus complicados escenarios nacionales. Trump a la cuesta electoral, López Obrador a la cuesta de la realidad.