Minuto a Minuto

Nacional Ciudad de México llama a festejar con responsabilidad en Mundial tras muerte de 4 personas
Las autoridades reforzarán los protocolos de seguridad tras la muerte de cuatro personas durante los festejos por el triunfo de México sobre Ecuador
Deportes Manchester United se baja de la pugna por Gilberto Mora
La joven joya de 17 años, Gilberto Mora, se ha consolidado como una de las grandes revelaciones de México en el Mundial 2026
Internacional “No quiero morir en un refugio”, la incertidumbre de afectados por terremoto en Venezuela
El Gobierno de Venezuela informó que 12 mil 841 personas perdieron su vivienda tras el doble terremoto que ocurrió la semana pasada
Deportes Infantino lamenta las 4 muertes en CDMX tras celebraciones por triunfo del Tricolor
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, envió las condolencias a los familiares de los cuatro muertos durante las celebraciones en CDMX
mundial 2026 Mundial 2026: ¿A qué hora y en dónde ver los partidos de 16vos este jueves 2 de julio?
España vs Austria, Portugal vs Croacia y Suiza vs Argelia son los partidos de 16vos de final del Mundial 2026 este jueves 2 de julio

 

La conmemoración que realizó Donald Trump del 178 aniversario de la guerra entre México y Estados Unidos no puede leerse como un simple recordatorio histórico. Es un mensaje político con destinatarios claros y efectos en la relación bilateral. Celebrar una guerra que significó para México la pérdida de más de la mitad de su territorio reabre una herida histórica y refuerza una narrativa de poder que hoy resulta provocadora.

Desde la lógica interna estadounidense, el gesto tiene ventajas para Trump. Alimenta un discurso nacionalista que conecta con su base electoral: la idea de una nación fuerte, victoriosa y soberana. Al vincular la guerra del siglo XIX con su política actual de control fronterizo y combate al narcotráfico, construye una línea simbólica entre pasado y presente, presentándose como heredero de una tradición de “defensa” territorial. Para sus seguidores, el mensaje refuerza liderazgo y determinación frente a lo que llama amenazas externas.

La pérdida de más de la mitad del territorio mexicano y los intentos por derrocar al presidente Nicolás Maduro en Venezuela responden a la misma lógica histórica: la intromisión permanente de Washington en América Latina. Desde el siglo XIX hasta el XXI, la región ha sido escenario de esa política. En 1954 impulsó el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala; en 1961 organizó la invasión de Bahía de Cochinos contra Cuba; en 1965 intervino en República Dominicana; en 1973 apoyó el golpe contra Salvador Allende en Chile; en los años ochenta financió a la Contra en Nicaragua; en 1989 invadió Panamá; y más recientemente ha ejercido presión política y económica para propiciar cambios de régimen en Venezuela y Haití.

Los costos políticos y diplomáticos son evidentes. El tono triunfalista —al hablar de una “victoria legendaria” y de la captura “heroica” de la Ciudad de México— ignora el carácter controversial de aquella guerra, incluso dentro de la historia estadounidense. No es memoria crítica, sino exaltación de la fuerza, hoy más delicada ante insinuaciones de posibles acciones contra el narcotráfico en territorio mexicano.

Para México, la conmemoración no es menor. Reactiva un episodio que simboliza intervención, desigualdad y despojo, en un contexto donde el respeto a la soberanía es eje del discurso del gobierno de Claudia Sheinbaum. Obliga a una respuesta firme, no desde la confrontación, sino desde la defensa del respeto entre naciones.

Paradójicamente, esta evocación puede resultar contraproducente para Estados Unidos. Reavivar guerras del pasado no fortalece la cooperación regional y proyecta una imagen de arrogancia que dificulta el diálogo en migración, seguridad y comercio.

PEGA Y CORRE: El llamado de atención de Claudia Sheinbaum a dirigentes y legisladores de Morena en Baja California evidenció una falla recurrente: representantes cómodos en el cargo, pero ausentes en territorio. Mientras algunos se limitan a la agenda interna, la presidenta marcó distancia con un mensaje claro: gobernar es estar con la gente. Además, anunció un hospital general del IMSS en San Quintín, nuevas preparatorias, mejoras a escuelas, Centros de Educación y Cuidado Infantil y un centro integrador federal. Frente a la pasividad legislativa, Sheinbaum mostró rumbo, autoridad y resultados.

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.