¿Es usted o soy yo?

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

Una imagen que es tan suya como mía, y que lamentablemente ya no nos escandaliza, a excepción que a ese rostro le pongamos las líneas de expresión de algún familiar o amigo, porque si es así, entonces vuelve la empatía y el miedo por saber si está o no contagiado

Seguimos en pandemia, sin bajarnos de la montaña rusa a la que todos nos subieron sin preguntarnos y más como en un estado de supervivencia hace un año y medio.

En el pico más alto de una tercer ola, nos mantenemos en el carrito de la montaña y dando una tercer vuelta de estar subiendo y bajando, y por suerte sin habernos contagiado.

Hemos pasado por enfrentamientos emocionales que jamás pensamos que tendríamos, la ansiedad, la frustración, la angustia y el miedo llegaron para quedarse, y aunque también hemos tenido uno que otro espacio de descanso, no hemos podido ser los que éramos antes, y todo parece indicar que eso tampoco pasará.

Al día de hoy nuestro país se enfrenta a más de 2 millones 901mil 94 casos de contagio, con un día que reportó más de 21mil casos, es decir la cifra más alta desde el pasado 22 de enero.

La variante Delta se multiplica y ataca sin saber bien a detalle el cómo y el por qué, incluso a personas vacunadas.

Los hospitales comenzaron muy al inicio de la cuarentena con breves cuestionarios digitales para saber si los síntomas que uno creía tener, estaban relacionados con el Covid19. Después vinieron las pruebas rápidas y las PCR como el caso extremo con un costo altísimo y no al alcance de todos.

Nos asustaba ver cómo realizaban la PCR, ver al personal de salud ataviado de pies a cabeza sin ninguna parte de su cuerpo expuesta para evitar contagios. No entendíamos nada, porque entonces el virus sí podía pegarse a uno en la piel y entonces había que bañarnos cada que saliéramos a la calle o cambiarnos de ropa y casi meterla en bolsas por separado.

Hemos tenido altas y bajas viviendo en aislamiento, lo más lejano posible de la vida social, acostumbrándonos a vivir en casa y nada más. Nos hemos vuelto más individualistas y ególatras. La sana distancia nos ha hecho mirar al otro con recelo y a no querer convivir ni con el intercambio de una mirada.

El Covid19 ha venido a transformarnos, a conocer y tratar de reconocer nuestros propios miedos. Bien dicen que no podemos hablar de nuestros límites, sino es hasta que estamos justo allí, enfrentándonos a vivir o morir y entonces olvidamos cualquier límite, hacemos lo que sea por sostenernos del carrito de la montaña rusa en plena bajada directa al concreto.

El estado de Guerrero ha roto su récord de contagios y se reporta que en estas últimas 24 horas se han registrado 851 casos nuevos, en este momento hay más de 4 mil personas contagiadas.

El contraluz de la foto de hoy, tomada por Narendra Shrestha de la agencia EFE la elegí porque seguramente cuando usted la vea, le será de lo más normal, un acto registrado como un episodio cotidiano.

Incluso podría ser que ya ni siquiera le cause repulsión o dolor, porque ya lo conoce, porque en su trabajo le han obligado a realizarse ya tantas pruebas PCR que lo ha incluido en su rutina de vida.

Un contraluz que no nos deja ver el rostro y sus características, podría ser un hombre o una mujer y entonces es cuando usted y yo podemos identificarnos con quien está allí a punto de recibir el isotopo en su nariz.

Una imagen que es tan suya como mía, y que lamentablemente ya no nos escandaliza, a excepción que a ese rostro le pongamos las líneas de expresión de algún familiar o amigo, porque si es así, entonces vuelve la empatía y el miedo por saber si está o no contagiado.

Fue marzo 2020 cuando nos metimos en una cuarentena extendida a un año y cinco meses, fue en aquel puente del 21 de marzo en que se nos metió el miedo y sin deberla ni temerla, ya estábamos arriba de una montaña rusa que no nos revelaba cuándo subiríamos, bajaríamos y cuándo podríamos descender para volver a la normalidad.

No nos hemos podido bajar y allí vamos todos, aunque los asientos sean individuales y nos tapemos la nariz, la boca y hasta los ojos para no mirar, vamos en una larga tercera vuelta que debería de sensibilizarnos más que la primera.

La fotografía fue tomada en Nepal, en un hospital local en Kathmandu y sin saberlo, nos reconocimos y nos faltó el aire, al igual que al hombre que allá se realizaba la prueba PCR para saber si estaba o no contagiado.

No está siendo fácil, sigamos con las precauciones y las vacunas, porque este juego parece que aún no va a terminar y no nos dejarán bajar pronto de la montaña rusa en la cual no para de avanzar.

Prueba de COVID-19
Prueba de COVID-19. Foto de EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA.
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