Hace un año la inflación general en México ya había superado 6% en términos anuales y no eran pocos los que proclamaban que se trataba de un fenómeno temporal, que no había nada de qué preocuparse, que todo tenía que ver con el regreso a una cierta normalidad después de los peores momentos de la pandemia y el resultado de una reapertura paulatina de las actividades con las campañas de vacunación.

Para ese momento ya quedaba claro que se habían roto algunas cadenas de producción debido a la pandemia, que había una marcada escasez de algunos componentes electrónicos y que la logística de distribución de mercancías presentaba cuellos de botella importantes.

Aun así, hasta algunos banqueros centrales se inclinaban por el no-pasa-nada.

Y un año después, durante la primera quincena de abril de este 2022, la inflación general no sólo no regresó, como cantaban aquellos, sino que está ahora en esa antesala de 8% anual. Claro, ahora hay que sumar a la ecuación la invasión rusa a Ucrania y las pocas posibilidades de un pronto acuerdo de paz.

En México, abril solía ser uno de esos meses que le gustaba presumir a los gobiernos, que le entendían, claro, porque habitualmente el resultado quincenal y mensual, al igual que en mayo, solía ser negativo por los subsidios que se aplican a las tarifas eléctricas en algunas partes del norte del país derivado de la temporada de calores.

Eso ya no sucedió al menos durante la primera quincena de este abril.

Pero hay algo más que deberían realmente entender que estas presiones inflacionarias ya están generando esa expectativa de que se habrán de mantener.

El dato que debe tener una atención especial en este momento es la inflación subyacente, ese conjunto de precios no reactivos a la temporalidad, que durante la primera quincena de este mes de abril ya alcanzó una medición de 7.16 por ciento.

El subíndice de alimentos, bebidas y tabacos ya acumula una inflación anual de 10.68%, pero poco a poco los servicios empiezan a elevar sus precios y en estos momentos, cuando apenas empieza la regularización de las actividades tras la peor fase de la pandemia, lleva una inflación acumulada de 4.94% que es el doble de la inflación registrada en ese subíndice de la inflación subyacente hace un año.

Esa trayectoria en ascenso de la inflación subyacente es lo que más debe llamar la atención, sobre todo de la autoridad monetaria, porque hay que convencer al mercado que es posible recuperar una trayectoria descendente de la inflación con las medidas del Banco de México.

Y también hay que apresurarse a que las medidas racionales de política monetaria sean las que prevalezcan antes de que un arranque populista pueda optar por medidas tan dañinas para la economía como un control de precios.

Ya vimos los efectos negativos del control de precios en el mercado del gas LP y ya conocemos las cuentas de lo que dejará de ingresar a las arcas públicas por concepto de subsidios fiscales a las gasolinas.

Como la inflación tiene un inevitable efecto político, el riesgo de una intervención desafortunada, dictada desde la mañanera, es un hecho real.

Lo que no hay que perder de vista

La subyacente

Durante la primera quincena de este mes la inflación subyacente ya alcanzó una medición de 7.16 por ciento.

Alimentos y bebidas

El subíndice de alimentos, bebidas y tabacos ya acumula una inflación anual de 10.68% anual, pero poco a poco los servicios empiezan a elevar sus precios.

Estímulo a gasolinas

Al menos 350,000 millones de pesos dejarán de ingresar este año a las arcas del gobierno por los estímulos a las gasolinas.

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