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Hay personajes de la política mexicana con posibilidades ante una eventual sucesión presidencial que hoy no pasan sus mejores momentos. Unos más afectados que otros por la desgracia de la Línea 12 del Metro y otros que se lamen los bigotes ante el infortunio de los punteros.

Pero hay uno en particular que fue un mal chiste en eso de los políticos con futuro. Porque en su mitomanía, en esa sumisión extrema, en su incongruencia e impericia, pasó de ser un supuesto Rock Star a una voz apagada, anulada, ignorada, que no escuchan ya ni siquiera los feligreses de la 4T.

El futuro de Hugo López-Gatell debería estar más encaminado a una comparecencia en barandilla que a pensar en un futuro político. El problema es que su anulación impide que haya una voz creíble que marque hacia dónde debe ir México en la pandemia.

Claro que el principal interesado en que no se hable más de la Covid-19 en México, de los millones de infectados y del más de medio millón de muertos por esta enfermedad, de acuerdo con las estimaciones más serias, es el propio presidente Andrés Manuel López Obrador. Y menos a tres semanas de las elecciones.

Pero hay un desamparo en el liderazgo y en la información sobre el SARS-CoV-2 que puede resultar peligroso.

Ha permeado por el mundo el discurso de que la humanidad está a salvo ya del coronavirus con la aplicación masiva de vacunas, pero eso todavía a estas alturas en buena parte del mundo es falso.

Es un discurso que tiene más trasfondo político que científico, en un afán de recuperar las economías y la vida como la conocíamos antes de esta pandemia. Pero es un mensaje equivocado.

En Estados Unidos todo ha sucedido muy rápido desde el jueves pasado cuando Anthony Fauci, el epidemiólogo responsable de la política de control de la pandemia en ese país, dijo que las personas vacunadas, si se encuentran en exteriores, ya no tienen que usar la mascarilla.

¿Qué escuchó la gente? Que ya no hay que usar el cubrebocas, por supuesto. Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos abonaron a este asunto incluyendo la exclusión del uso de la mascarilla en interiores, si se tiene el esquema completo de vacunación.

Por supuesto que el presidente Joe Biden festejó esta nueva guía del uso de los cubrebocas, porque al final es un éxito político para su campaña de vacunación. Pero en realidad es un mensaje contrario al interés de su país.

No cuesta nada mantener por largo tiempo la obligatoriedad del uso de la mascarilla hasta que científicamente se compruebe que ya hay inmunidad de rebaño. En un país donde hay una corriente antivacunas, donde los niños no están inmunizados y donde entran y salen millones de viajeros.

Esta información se replica en países en peores condiciones de vacunación que Estados Unidos, como México. Donde hay pocos vacunados, donde el mal ejemplo presidencial ha sido permanente y donde la desafortunada voz de guía en la pandemia dice que el cubrebocas sirve para lo que sirve y no sirve para lo que no sirve. ¡Cuidado!