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Antes de que irrumpiera la pandemia del Covid-19 el desempeño económico de México pintaba para un sexenio de muy bajo crecimiento, mucho más mediocre que el que históricamente tuvieron los mandatos del PAN y del PRI durante este siglo.

Desde el primer mes de este gobierno la constante fue la revisión a la baja de todos los pronósticos del Producto Interno Bruto (PIB). No hubo uno sólo desde el primer mes de esta administración y hasta el choque de la pandemia que no se recalculara a la baja.

Y la razón es muy sencilla, al gobierno del Andrés Manuel López Obrador le faltan motores económicos, que no los tiene ni en sus proyectos de inversión pública, ni en una política de otorgar facilidades a los capitales privados.

El otro gran factor que explica con total claridad por qué este sexenio estaba destinado al crecimiento cercano l cero es por ese proceso de minar la confianza de los inversionistas.

Cuando se revise la historia económica de la 4T seguirá sin una explicación lógica la decisión presidencial de cancelar la construcción del Aeropuerto de Texcoco.

Esta decisión, carente de cualquier sentido, no sólo implicó la pérdida de cientos de millones de pesos, sino que dinamitó por completo la confianza de aquellos que esperaban que no fueran verdad los temores que despertaba López Obrador antes de asumir la presidencia.

Ahí quedará el indicador de Inversión Fija Bruta como evidencia de un derrumbe en la confianza de los capitales que son los que tienen que mover una economía como la mexicana.

Así, México estaba ya en recesión cuando llegó la pandemia y la condición económica empeoró hasta niveles de caída no vistos en la historia moderna del país.

El SARS-CoV-2 fue de mala fortuna para la 4T, pero dejar a millones de personas de bajos ingresos a su suerte en plena crisis por el confinamiento fue enteramente una decisión de política pública.

Y no eran las grandes empresas o los ricos los que necesitaban que les echaran una mano, eran los trabajadores de uno o dos salarios mínimos, que son la gran mayoría, y que muchos se quedaron sin un peso en la bolsa durante muchos meses.

Presumir que no se ha devaluado el peso o que este año la economía va a crecer 6% es para un público cautivo que está desconcertado porque realmente cree que todo va requetebién, pero no entienden por qué su condición económica hoy está peor que hace tres años.

Lo que deberíamos esperar en materia económica para los próximos tres años es que realmente se pueda mantener la estabilidad de las finanzas.

Suena obsesiva la intensión de mantener un bajo endeudamiento y el mayor equilibrio posible en las finanzas públicas, lo cual refuerza las posibilidades de mantener la estabilidad futura.

No ayudan las obsesiones en materia energética de querer regresar al México de la administración de la abundancia, sobre todo por la endeble condición financiera de Pemex.

En fin, que la primera mitad económica de la 4T realmente no tiene nada que presumir. Nada.