Lo que deja ver el ojo de fuego

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Enrique CamposLa Gran Depresión

¿Dónde quería el gobierno federal esconder la imagen de una trabe partida a la mitad con dos vagones del Metro colapsados y con decenas de personas muertas en su interior?

Dos accidentes en México en dos meses han aportado al mundo dos imágenes impresionantes, que se inscriben a la atención global que ya existe sobre la forma de conducir al país de la 4T de Andrés Manuel López Obrador.

¿Dónde quería el gobierno federal esconder la imagen de una trabe partida a la mitad con dos vagones del Metro colapsados y con decenas de personas muertas en su interior?

El horror de esa imagen habría tenido el mismo impacto mundial si se hubiera dado en cualquier parte del mundo. Sólo que aquí López Obrador y su movimiento tuvieron que cargar con 100% de la responsabilidad a un mes de las elecciones y eso encolerizó al Presidente.

No se borraban las imágenes del metro derruido cuando dos meses después las imágenes de otro accidente volvieron a dar la vuelta al mundo. No había forma de no poner atención global a ese enorme ojo de fuego en el Golfo de México.

El mecanismo de control de daños de la 4T funciona cada mañana en el mundo de los otros datos y de las más diversas puestas en escena que siguen funcionando para el mercado político interno. Pero hacia el exterior, mensajes visuales como esos dos accidentes son muy difíciles de contrarrestar.

Hacía el presidente López Obrador intentos desesperados en la mañanera de ayer para jalar los reflectores hacia Surfside, Florida, donde decidieron derrumbar la totalidad de las torres que cayeron parcialmente hace un par de semanas. Pero no había manera de borrar de la mente esa imagen de un ojo de fuego en pleno océano en esa plataforma marina de Petróleos Mexicanos.

La falla en una válvula de un ducto marino hizo inevitable recordar al mercado la mala condición financiera de Petróleos Mexicanos y las evidentes carencias de mantenimiento en una empresa que ha optado por destinar los pocos recursos disponibles a construir una refinería en los pantanos de Tabasco y comprar otra en las costas de Houston, Texas.

Pemex ha incrementado su tasa de accidentes industriales en 9.5% en lo que va de este 2021. Pero esas fatalidades no han tenido el impacto visual de ese ojo de fuego en el mar que rápidamente se viralizó y desencadenó una condena mundial por el impacto ecológico que tiene ese derrame de combustibles en Golfo de México.

Ante los ojos de la opinión pública mundial el ojo de fuego es una muestra de esa testarudez del gobierno mexicano de apostar por el manejo estatizado de los hidrocarburos como la gran apuesta energética. En sentido contrario de lo que hoy hacen la gran mayoría de los países de desarrollo similar a México.

Pero en los mercados, además de estar atentos al desorden que tienen los precios del petróleo por la falta de acuerdos entre productores, no dejan de ver con desconfianza la manera en que el gobierno de López Obrador, a través de la Secretaría de Energía, le arrebata a una empresa privada los derechos de explorar el yacimiento de Zama, descubierto por la empresa Talos hace ya cuatro años.

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