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El peso mexicano de los años 70 y 80 era como los autos de aquel tiempo, con una carrocería fuerte que por fuera aparentemente resistía los golpes, porque era un tipo de cambio fijo, pero que por dentro no tenían ningún tipo de seguridad, ni cabeceras, ni cinturones de seguridad, ni bolsas de aire. Esto es, ni coberturas, ni derivados, ni un mercado abierto que absorbiera el golpe que llegaba directo a la economía.

La relación del peso frente al dólar de hoy es un chasis que está diseñado para deformarse cuando hay un choque en los mercados, pero que protege a sus ocupantes con esos aditamentos propios de un mercado no intervenido como el cambiario mexicano.

Como en todo, depende el tamaño del golpe. Ningún auto puede tener los sistemas activos y pasivos de seguridad suficientes que eviten un fatal accidente por falta de pericia gubernamental o exceso de velocidad de una transformación sin rumbo.

Pero, por lo pronto, lo que hemos visto en los mercados es un choque laminero y predecible en la renta variable, las monedas emergentes, commodities y demás.

Si nos vamos a la pista de carreras con estos autos, el persistente alto nivel inflacionario ya le sacó una bandera azul a los mercados que han gozado de espectaculares rendimientos en estos tiempos de tasas de interés en niveles cercanos al cero en Estados Unidos.

El oficial de pista nos avisó que ese nivel inflacionario de 8.6% en la economía estadounidense implica que la Reserva Federal va a acelerar y va a rebasar a los mercados que se han mantenido como muy atractivos.

Claro, los que iban más rápido, como los criptoactivos, han tenido un choque mayor en el cambio de señales, los más precavidos pueden lidiar mejor con sus daños.

Esa depreciación del peso de niveles de 19.50 a 20.50 en una semana es un golpe en la bonita salpicadera del peso mexicano que tanto gustaba presumir en las mañanas. Pero tiene una característica que nos debe dejar tranquilos por ahora, el famoso mal de muchos.

No es una crisis local, no es el peso la moneda más sacudida en los mercados financieros y mucho tiene que ver con el trabajo previo del Banco México que ha adelantado el camino de las políticas monetarias restrictivas.

Claro que un impacto como el que hemos visto en las últimas horas en contra del peso se ve muy mal, los ocupantes pueden acabar con algunos dolores de cabeza, pero ciertamente sobreviven a diferencia de impactos en décadas pasadas.

Todo el chiste es que aquellos que están al mando de la conducción política no se metan en esos terrenos que corresponden a los expertos en políticas monetarias, fiscales y menos en los mercados que se encargan de manejar esos instrumentos que hoy son confiables y resistentes.

Es sabido que hay quien quisiera regresar al país a esos tiempos de los 70 y 80 del siglo pasado y en lugar de manejar en los mercados en esos vehículos más seguros, subiéramos al peso y a todo lo demás a una Gremlin modelo 1976, que es compatible con la visión que tiene hoy la 4T.

Mercados tensos

Choque

Lo que hemos visto en los mercados es un choque laminero y predecible en la renta variable, las monedas emergentes, commodities y demás.

Inflación

El nivel inflacionario de 8.6% en la economía estadounidense implica que la Reserva Federal va a acelerar y va a rebasar a los mercados que se han mantenido como muy atractivos.

Cambio de señales

Los que iban más rápido, como los cripotactivos, han tenido un choque mayor en el cambio de señales.