La polarización y el desempleo

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Enrique CamposLa Gran Depresión

Las presiones de una sociedad polarizada hacen que las responsabilidades se repartan entre esos bandos generados de manera artificial y no se dirijan esos justos reclamos hacia una autoridad omisa ante sus responsabilidades

Cada aportación que se hace por las mañanas a la polarización y a la división social del país, como el descrédito de la prensa o los insultos a las clases medias, genera un problema adicional al de la dispar recuperación económica.

Las presiones de una sociedad polarizada hacen que las responsabilidades se repartan entre esos bandos generados de manera artificial y no se dirijan esos justos reclamos hacia una autoridad omisa ante sus responsabilidades.

Hay cortinas de humo, pero también hay un ejercicio de traspaso desde la competencia del gobierno hacia diferentes sectores de la sociedad. De esa manera se ahorran muchos reclamos y pérdida de popularidad electoral.

Pero es una forma peligrosa de acumular presiones sociales que pueden derivar en actuaciones violentas entre los propios ciudadanos.

Cuando en la peor parte del confinamiento por la pandemia de Covid-19 trabajadores y empresarios suplicaban por un ingreso mínimo vital, por una ayuda a los que perdían su ingreso, la respuesta fue que los empresarios tenían la obligación de no correr a sus trabajadores y que quebraran los que tenían que quebrar.

México fue el único país de toda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que no aplicó un plan de respaldo para conservar los empleos y por lo tanto fue uno de los países con la mayor caída de ingresos en los hogares.

Hoy, la Secretaría de Hacienda se siente muy orgullosa de no haber aplicado programas anticíclicos de apoyo a la población, porque hoy goza de finanzas más sanas que si hubiera ayudado con subsidios.

Claro, hoy muchos países tienen la preocupación de cómo reequilibrar sus finanzas públicas después de haber destinado enormes cantidades de recursos para apoyar a su gente, para que pudieran sobrellevar la crisis de la pandemia.

El gobierno mexicano no. Aquí la angustia quedó traspasada a los agentes económicos, en especial a los trabajadores que ahora se topan con la realidad de que la recuperación del mercado laboral, a niveles previos a la pandemia, se habrá de lograr hasta finales del 2022.

Datos de la OCDE muestran cómo se perdieron empleos, horas trabajadas y muchos ingresos para las familias mexicanas ante la falta de un respaldo gubernamental.

La economía mexicana sí podrá rebotar hasta 6% en su Producto Interno Bruto este año, después de la caída superior a 8% el año pasado, pero será de forma desigual. Los sectores que estén relacionados con esa impresionante recuperación de la economía de Estados Unidos podrán gozar de ese beneficio, pero los demás no.

Hay amplios sectores del mercado interno que seguirán enfrentando por largo tiempo los efectos del desamparo en pleno parón económico derivado del confinamiento por el Covid-19.

Y en ese mundo paralelo de los otros datos, muchas personas no habrán de responsabilizar al gobierno por la falta de una respuesta en plena crisis y encontrarán en esos tan repudiados clasemedieros y adversarios del Presidente a los responsables de su propia desgracia.

El abono a la división en momentos económicos complejos salva momentáneamente a una autoridad omisa, pero genera conflictos posteriores que pueden ser difíciles de contener cuando se salgan de control.

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