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La buena noticia es que la deuda mexicana no se enfrenta a una degradación fulminante por parte de las calificadoras que complique mucho más el degradado panorama económico que ya tenemos.

La mala noticia es que la lista de calamidades que señala Fitch Ratings en su nota de ratificación de “BBB-” de la deuda soberana mexicana es mucho más extensa que en revisiones anteriores, con todo y que deja esta nota en perspectiva Estable.

Hay una peor noticia, la 4T quiere vender como una muy buena noticia que Fitch deje a México en este el último escalón dentro de sus notas de grado de inversión, a tan solo un paso del papel basura, y no apunte hacia una corrección de todos los males que apunta la calificadora.

Es cierto que esta ratificación que hace Fitch, y la que hace un par de semanas hizo Moody’s, dan un respiro para la estabilidad financiera del país. Sobre todo, en estos momentos en donde hay mucha incertidumbre respecto al futuro de las políticas monetarias de Estados Unidos y del mundo.

Es verdad que es un reconocimiento al manejo fiscal de este gobierno en lo que bien puede calificarse como el sueño salvaje de un gobierno altamente neoliberal, que prefirió mantener las finanzas públicas sanas antes que aplicar recursos públicos para salvar a la gente en medio de una crisis de la envergadura de la que vivimos por la pandemia.

Y Fitch se lo pone con todas sus letras: la principal razón de esta relativa resistencia fue la menor respuesta fiscal directa al choque de Covid-19 en el 2020, lo que pudo haber contribuido a la cuarta contracción más profunda del consumo privado entre las 20 economías más grandes del mundo.

Ahí están los datos de desocupación del primer trimestre de este año en su comparación anual que nos muestran el tamaño de la tragedia que han vivido millones de trabajadores y sus familias de perder la fuente de ingresos y sin un paracaídas gubernamental que les ayudara.

Por supuesto que Fitch reconoce que las finanzas públicas mexicanas han tenido un mejor desempeño que otros países con nota similar que sí optaron por echar un salvavidas económico a su población.

El premio que recibe el gobierno federal es la estabilidad de esta calificación durante unos 12 o 18 meses y de paso validar que el PIB sí habrá de rebotar hasta 5 por ciento. Ya con eso y con las elecciones tan cercanas, la 4T y sus voceros armaron una fiesta.

Pero hay que leer bien este reporte de Fitch que es uno de los más duros que ha lanzado respecto a las condiciones de este país. No es un detalle de finanzas públicas, sino el señalamiento de un problema estructural, cuando dicen que la calificación está restringida por una gobernabilidad relativamente débil. Esa es toda una radiografía de cuerpo entero de la condición actual de México.

La situación financiera de Pemex y CFE, el creciente intervencionismo del gobierno en el mercado, la incertidumbre que generan entre los inversionistas, las vías alternas a la ley que la 4T busca para modificar la Constitución. En fin, hay que leer bien la larga lista de advertencias de Fitch Ratings.