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Hoy se acaba la primera mitad de este 2023 y sí hay un cambio, para bien, en el panorama económico esperado para Estados Unidos y de la mano de ese país poder predecir el comportamiento de nuestra propia economía.

Este año inició con altas tasas de inflación, 6.4% el índice general anual en Estados Unidos durante el primer mes del año y 7.9% de inflación general en México, también durante enero pasado, y con una expectativa de que la medicina monetaria habría de llevar a la economía estadounidense a la recesión.

El último dato disponible de la medición de precios muestra una baja notable en las presiones, especialmente energéticos y alimentos en el caso de Estados Unidos, que hasta mayo pasado registraba una tasa anualizada de 4.1% en su índice general.

Para México, la desinflación en el precio de los alimentos ha sido menor y en el caso de los energéticos, la intervención gubernamental en los precios de las gasolinas ha provocado que no haya una disminución en el costo para los consumidores. Así, la inflación general en México hasta mayo pasado era de 5.8 por ciento.

En ambas economías la inflación subyacente se mantiene con algunas presiones que hacen que los bancos centrales no hablen de otra cosa más que de mantener una política monetaria restrictiva.

En el caso de Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) decidió hacer una pausa tras 10 incrementos consecutivos en la tasa interbancaria que pasó de 0.25% al actual 5.25 por ciento.

El pasado 14 de junio, tras la reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed para tomar una decisión de política monetaria, su presidente Jerome Powell anunció que la pausa en ese momento no era el final del ciclo alcista, que esperaba al menos un par de incrementos durante el resto del año.

Esta semana, en reunión en Portugal con autoridades monetarias del mundo, Powell repitió el mensaje y dijo que vienen dos aumentos más, no seguidos, pero sí un par.

Entonces, en el calendario de reuniones programadas de la Fed quedan cuatro fechas, julio, septiembre, noviembre y diciembre. Si no son consecutivos los aumentos, tendrían que ser julio y noviembre o septiembre y diciembre.

Queda siempre la expectativa de que se trate de una forma de alertar al mercado sobre la intransigencia de la autoridad monetaria por si nota desorden financiero por la expectativa del fin del ciclo alcista.

Pero hay datos económicos que podrían avalar la estocada monetaria de la Fed para combatir las presiones, en especial de la inflación subyacente.

De entrada, dato básico, el Producto Interno Bruto de Estados Unidos del primer trimestre se revisó de 1.3% esperado hasta 2 por ciento.

El consumo privado aumentó 4.2% y el desempleo mostró una inesperada baja en las solicitudes de subsidio por desocupación.

En México las autoridades ayudan poco, el Banco de México es casi mudo, las autoridades fiscales publican balances de riesgos que dicen que vamos de maravilla y el Presidente en las mañaneras ya renunció a la realidad para tripular el tren de su sucesión.

Por fortuna, la resiliencia de la economía mexicana y los datos estadounidenses nos plantean una segunda mitad del año, sí con retos, pero con menos posibilidades de una recesión.