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Qué tan curtido puede estar el mercado mexicano, o qué poco peso tienen ya esas palabras, que tras el adelantado y repentino anuncio presidencial sobre la no reelección de Alejandro Díaz de León al frente del Banco de México y la advertencia de que llegaría un economista con “dimensión social”, no pasó nada.

En esa categoría de los economistas “con dimensión social y partidarios de la economía moral” sólo caben los incondicionales de López Obrador. Claro, desde el actual secretario de Hacienda, Arturo Herrera, hasta otros del calibre de la Padierna.

No se depreció el peso frente al dólar ni se cayeron las bolsas. En los mercados conocen el cuento de Pedro y el Lobo, saben de la solidez institucional del Banco de México y entienden que si hay decisiones de política monetaria que mueven al mundo, esas llegan desde la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

Cuando este miércoles el banco central de Estados Unidos dio a conocer su decisión de política monetaria, sin cambios en las tasas de interés, pero con un posible adelanto en las fechas de regresar a los incrementos del costo del dinero, hacia finales del 2023, ahí sí se depreció el peso y se movieron los mercados del planeta.

Suena muy lejano el 2023 pero, para empezar, las primeras riendas monetarias para ejecutar tales aumentos tendrían que empezar a estrecharse desde finales de este mismo año o máximo principios del 2022.

Más allá de eso, la señal es que la Fed, que prometió mantenerse en estado Zen con su política monetaria por largo tiempo, ha tenido que cambiar sus planes de forma anticipada y acercarse antes a una política más restrictiva. Eso implica que puede haber sustento en esas versiones sobre la presión que la inflación puede provocar en la economía estadounidense. Y eso sí es un dolor de cabeza general.

Ya veremos la reacción de los diferentes bancos centrales del mundo en adelante. Por supuesto que hay que seguir las decisiones de la Junta de Gobierno del Banco de México con este inicio en el cambio de señales.

Por lo pronto, de mayor impacto que la inclusión de los economistas morales de la 4T, los mercados recibieron bien la noticia de que el Banxico amplió durante todo el resto de este año la línea swap hasta por 60,000 millones de dólares que mantiene con la propia Fed.

Así, el tipo de cambio estará mucho más atento a las señales inflacionarias de los Estados Unidos que de los exabruptos discursos de las mañanas. Sobre todo, ahora que la ausencia de una mayoría calificada para lo que le resta a este gobierno hace muy difícil descarrilar al país. Claro, nunca nos dejarán de sorprender.

La próxima escala en esta preocupación inflacionaria y sus consecuencias monetarias en Estados Unidos será el 13 de julio con el reporte de los precios al consumidor del mes que corre. Claro, en medio están los datos de consumo y empleo.

Por ello, instituciones como el Banco de México requieren de verdaderos expertos con templanza y muchos conocimientos que puedan ver más allá de una pobre y parcial visión electoral.