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Cada vez que al gobierno federal le piden que reconsidere la fallida estrategia de los “abrazos y no balazos”, ante el alarmante incremento de la inseguridad en todo el país, el lugar común que prefiere el presidente Andrés Manuel López Obrador para descalificar a quien le implora el cambio es que su administración atiende las causas.

Claro, eso lo dice después de calificar como conservadores y violentos a todos aquellos que le pidan actuar de manera diferente frente al notable avance del crimen organizado.

Para López Obrador, “las causas” son fenómenos económicos y sociales como el desempleo, la marginación, la pobreza, la falta de oportunidades, en fin.

Lo hace porque son la mejor carta de presentación para sus programas asistencialistas que, en el fondo, están diseñados para garantizar clientelas políticas.

Cuando desde la 4T se habla de “las causas” nunca hay referencia a todos esos diagnósticos que desde diferentes frentes hablan de la impunidad, la falta de Estado de derecho, la falta de capacitación y coordinación de las corporaciones de procuración e impartición de justicia.

Es evidente bajo cualquier óptica que la estrategia de combate a la inseguridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha fallado de forma contundente. Pero es también un hecho que ha fracasado ese planteamiento de los “abrazos y no balazos” visto desde su perspectiva de lo que llaman “las causas”.

La pobreza en México aumentó durante los primeros dos años del régimen actual, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hasta 44% de la población, para alcanzar 56 millones de pobres.

Y de acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) este año la pobreza en México aumentará 1.7% más, lo que añadirá otros dos millones y medio de mexicanos a esa condición de precariedad.

También, de acuerdo con datos del Inegi, en lo que va de la 4T hay más de 4 millones 600,000 trabajadores que perdieron un ingreso que alcance un rango entre tres y cinco salarios mínimos, personas que ya no logran ganar esos 12,753 pesos al mes y que ya forman parte de 76% de la Población Económicamente Activa que no logra ese nivel de ingreso.

Y con datos más frescos, ahí están los 500,000 empleos perdidos el mes pasado que también reportó el Inegi.

Está, por supuesto, todo el desmantelamiento institucional que ha sufrido el país que ha dejado sin servicios médicos y sociales a millones de personas, lo que agrava más su precariedad social.

Los programas asistencialistas del régimen son prácticamente imposibles de auditar, por el descontrol de asignación de los recursos y por la opacidad de los padrones de beneficiarios, pero los datos de pobreza dan cuenta de sus escasos resultados.

Por supuesto que el Presidente no dejará de usar el lugar común del combate de “las causas” como su estrategia contra el crimen organizado, la inseguridad y la violencia que azota a nuestro país.

Pero la próxima vez que así lo justifique, podemos estar seguros de que no hay buenos resultados en su pretendido combate de las causas de la violencia en México.

Población precaria

Ganan menos

En lo que va de la 4T hay más de 4 millones 600,000 trabajadores que perdieron un ingreso que alcance un rango entre tres y cinco salarios mínimos.

Pobreza

La pobreza en México aumentó durante los primeros dos años del gobierno, según cifras del Coneval, hasta 44% de la población, a 56 millones de pobres.

En aumento

Este año la pobreza en México aumentará 1.7% más, lo que añadirá otros dos millones y medio de mexicanos a esa condición de precariedad.