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Cuando empezó el temblor de los bancos estadounidenses muchos inversionistas salieron corriendo a buscar un refugio seguro, pero algunos se fueron a poner debajo de las piedras de los criptoactivos.

O para que quede más claro con los dichos de la abuela, muchos salieron de Guatemala para refugiarse en Guatepeor.

Cuando el 9 de marzo el Silicon Valley Bank anunció sus pérdidas de 1,800 millones de dólares y con ello su imposibilidad de mantener sus operaciones, se desató un pánico en los mercados que no podían ver en ese momento si la suerte de ese banco y del Signature Bank sería extensiva al resto del sistema bancario de Estados Unidos.

Lo vimos en los mercados globales, en carne propia atestiguamos, cómo el peso mexicano se depreciaba de niveles de 17.90 a 19 pesos por la salida de capitales que corrían a refugios más seguros, como los tradicionales bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Otros corrieron al mercado del oro, que tuvo su clímax de aumento al cierre de la semana pasada y ya viene de regreso.

Pero en esa pequeña crisis muchos vieron una oportunidad, la oportunidad de rescatar algo del deprimido mundo de las mal llamadas criptomonedas.

Sacaron los altavoces para llamar a los inversionistas en pánico para refugiarse en esos activos y salir corriendo del dólar, entrar al Guatepeor del casino digital que hizo que en meses anteriores muchos perdieran y que otros quedaran ahí atrapados. Esos que tenían los dedos en la puerta eran los más interesados en abrir la salida de emergencia con nuevos participantes.

La lista de criptoactivos disponibles en el mercado ya es más larga que la cuaresma, pero, por mucho el Bitcoin es la bandera de estos instrumentos que son terriblemente populares y accesibles.

Sólo que, antes de deslumbrarse con el crecimiento de más de 40% del Bitcoin desde la tragedia del SVB, hay que acordarse de los antecedentes. Ya saben lo que dijo Santayana, “quien olvida su historia está condenado a repetirla”.

Este “refugio” que hoy ven muchos inversionistas es el mismo criptoactivo que pasó de los casi 70,000 dólares en noviembre del 2021 a los 15,000 dólares un año después. Esa es la realidad contemporánea de este tipo de instrumentos.

Porque las historias fantásticas de quien compró este activo digital hace 10 años en menos de 100 dólares para convertirse en millonario en plena pandemia quedan ya en el terreno de las leyendas urbanas.

Hoy habrá que pensar más en una extendida promoción de entrada patrocinada por aquellos que quieren recuperar algo de lo perdido a través de presionar los precios como sucede hoy.

La tecnología blockchain es un avance impresionante con enormes posibilidades de desarrollo, tanto financieras como sociales, pero la mayoría de los activos que hoy se operan con esa tecnología no tienen la estructura de una moneda porque no tienen una emisión centralizada y respaldada por un banco central.

Son una apuesta al siete rojo de la ruleta. Quien así lo entiende, hoy tiene la libertad de apostar en ese mercado y ganar o perder, como los que hace dos semanas tenían posiciones y hoy ganaron ya 40 por ciento.

Pero ver esos activos como un refugio seguro para tiempos turbulentos es como entrar al fuego para salvarse del incendio.