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¿Qué se supone que hace el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando dice que el Banco de México tiene que pensar en otra fórmula que no sea subir las tasas de interés para contener la inflación?

Un jefe del Ejecutivo que respetara las instituciones estaría simplemente dando una opinión, como lo han hecho otros presidentes de México en estos tiempos de autonomía del banco central.

Pero López Obrador no, está dando una orden a una institución y espera que se obedezca. Cree que tiene derecho a hacerlo porque él designó a dos subgobernadores y a la misma gobernadora del Banco de México y para él deben estar comprometidos con la transformación.

La propaganda del régimen dicta que hay que negar en público lo que se hace desde el poder, por eso siempre dirá que respeta la autonomía del Banxico, como cuando adelantó su decisión de política monetaria.

López Obrador en algún lugar escuchó, o alguien le dijo, que las tasas altas de interés frenan el crecimiento económico y ahora lo externa como esa instrucción disfrazada de consejo al banco central.

Lo que sí hace el Presidente es minar el poder de influencia del Banxico en los mercados y poner en duda si en la siguiente reunión de política monetaria, “alguno” o “algunos” (como dicen sus minutas) van a sugerir que es mejor no subir las tasas de interés porque los pueblos progresan con producción, como diagnosticó López Obrador.

Lo que hace falta es que después de esta nueva injerencia presidencial, la gobernadora del Banxico, Victoria Rodríguez, salga a los medios y con toda contundencia haga ver al titular del poder ejecutivo que ellos son autónomos y tienen la misión de combatir las presiones inflacionarias con ese instrumento de política monetaria disponible en el nivel de las tasas de interés.

Porque la política monetaria no sólo es el costo del dinero, es la credibilidad que tenga el banco central sobre su total intransigencia con la alta inflación y un régimen autoritario como el actual, y ese mensaje de intervención no ayudan a reforzar esa autoridad.

Además, ¿de qué habla López Obrador con eso del progreso del pueblo con la producción? Este gobierno no sólo ha espantado las inversiones productivas privadas desde que inició su gestión, sino que ha tirado al piso la inversión pública productiva que puede generar esa competitividad que, efectivamente, ayuda a combatir la alta inflación.

Dice que son técnicos que se creen científicos. Bien, pues hay que evitar que un Presidente electo democráticamente en un país de instituciones se crea autócrata y dicte acciones en terrenos en los que claramente no tiene idea ni competencia.

Es mucho pedir a un régimen como el actual que se ilustre sobre qué le puede pasar a un país cuando un dictador toma en sus manos la política monetaria, pero que le echen un ojo a la situación de Turquía donde el autócrata Recep Tayyip Erdogan ordenó a su banco central bajar las tasas de interés, para que el pueblo produjera y lo que logró fue una inflación mensual de 10% hasta niveles de 70% de inflación anual.

Ya es hora de que el Banco de México sea lo que siempre ha sido en su tiempo de autonomía y levante la voz.

Credibilidad, factor clave
Menos inversión

Este gobierno ha espantado las inversiones productivas privadas desde que inició su gestión y ha tirado al piso la inversión pública productiva que puede generar competitividad.

Poca credibilidad

La política monetaria no sólo es el costo del dinero, es la credibilidad que tenga el banco central sobre su total intransigencia con la alta inflación.

Injerencia

Un jefe del ejecutivo que respetara las instituciones estaría simplemente dando una opinión, como lo han hecho otros presidentes de México.