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Esta decisión de los gobiernos invita al incumplimiento programado.

Cada vez que una autoridad otorga a los gobernados una prórroga sobre lo que marca la ley, lo único que está haciendo es negociar con la sociedad un permiso para su propio incumplimiento.

La prórroga es un vicio populista que daña el Estado de Derecho cuando no hay una justificación que lo avale. Por ejemplo, tras un fenómeno natural o algún otro tipo de tragedia que impida el desarrollo habitual de las actividades una extensión de los plazos de cumplimiento son deseables.

Pero lo que hace el Gobierno del Distrito Federal ahora con el pago de la Tenencia, como lo hacen tantos otros gobiernos con muchas obligaciones, es simplemente una invitación al incumplimiento programado.

Es un aberrante acto de populismo preelectoral la decisión de extender por 15 días más el cumplimiento del pago de la Tenencia para gozar del subsidio, que ya por sí solo constituye una barbaridad.

Porque piénselo bien, el subsidio a la Tenencia es lo mismo a decir: el gobierno es tan bueno que saca su cartera para pagar las obligaciones fiscales que el mismo gobierno le crea, por lo tanto hay que ser agradecidos con ellos. Sería más fácil si sencillamente no existiera ese impuesto y ya.

Evidentemente, mientras más complicada sea la regla, más boquetes deja para la discrecionalidad y por lo tanto para el manejo político o la corrupción.

¿Cómo quedan hoy los cumplidos que juntaron su dinero a tiempo para pagar la Tenencia? Como los tontos del juego, como los que deberían aprender a esperar hasta el último minuto para que pudieran jinetear por 15 días más los 400 pesos del pago de derechos.

La cultura de dejarlo todo hasta el último minuto tiene que ver con esa esperanza albergada por muchos que esperan que de último minuto se consiga ese tiempo adicional. Simplemente lo que harán será atiborrar las ventanillas durante la nueva siguiente última fecha del plazo.

Ahora que los capitalinos vuelven a ser beneficiarios de la bonhomía de su autoridad, ¿con qué cara le pueden reclamar la prórroga que solitos se dieron para mejorar el Metro después del aumento de 70 por ciento? ¿O ese tiempo adicional para abrir la Línea 12, para tapar baches, para mejorar el transporte público, para llevar agua a Iztapalapa?

Con qué cara reclamar el cumplimiento de las obligaciones de gobierno cuando desde el poder son tan comprensivos con los contribuyentes.

Más que prórroga, debería la autoridad capitalina cambiar el mecanismo de control automotriz para mantener vigente su base de datos. Concentrar a miles de automovilistas en pocas oficinas para que hagan largas filas para cambiar su tarjeta de circulación es arcaico, burocrático y corrupto.

Los congresos locales deberían reglamentar los alcances de las prórrogas para evitar que se conviertan en instrumentos de concesión política y dejarlo como una herramienta en caso de verdadera necesidad. De lo contrario, el fomento del incumplimiento se eternizará en una sociedad que lo que necesita urgentemente es el respeto de las leyes.