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Claro que sí quiere ser presidenta de Estados Unidos, por supuesto que no aspira a ser la “presidente Kabala”, sino Madam President Kamala Harris.

Sin embargo, la actual administración demócrata de Estados Unidos, encabezada por el presidente Joe Biden, no la tiene nada sencilla.

Allá también conocen a los populistas tercos, capaces de lo que sea para hacerse del poder. En el caso estadounidense ya tuvieron uno en la presidencia y no tiene impedimento legal para intentar una vez más la reelección.

Si algo tiene Donald Trump en la bolsa es al partido republicano. Así son estos políticos tóxicos, llegan a una organización política, se encumbran, se aferran y después destruyen cualquier competencia interna.

Así que, conforme se vayan acercando los tiempos electorales, las elecciones intermedias, pero en especial las presidenciales del 2024, Donald Trump será un dolor de cabeza para los planes demócratas… y para el mundo.

Biden ya dijo que buscará la reelección, claro que lo dice más en una intención de no convertirse en un pato cojo desde el inicio de su gobierno, pero está claro que la siguiente batalla electoral le tocaría a su vicepresidenta, Kamala Harris.

Apenas llegaba a Washington Harris de regreso de México, el presidente Biden despegaba rumbo a Europa a una gira donde tendrá que generar algo más que anécdotas con políticos folklóricos, tiene que establecer políticas que deberán marcar el resto de su administración.

Lo primero que tiene que hacer el Presidente estadounidense es recomponer la relación con sus contrapartes europeas tras el desastre provocado por Donald Trump. Pero inmediatamente después, tiene que plantar cara a dos países verdaderamente antagonistas con los que su antecesor republicano mostró una combinación de entre miedo y complicidad.

El liderazgo que tiene que asumir Joe Biden, desde la Organización del Tratado del Atlántico Norte, frente a Rusia y China se tiene que construir en esta gira.

Más allá de esta coyuntura, en adelante los demócratas enfrentan desafíos económicos y políticos en su propio país que serán descomunales.

Si este plan multimillonario de reactivación económica es truncado por el bloque republicano, podría no consolidarse un verdadero despegue económico estadounidense después de la crisis por la pandemia del Covid-19.

Pero, se asoma otro fantasma que de concretarse estará en auge en pleno momento electoral: no son pocas las advertencias de que la combinación de recuperación económica post-Covid, junto con los estímulos fiscales y monetarios, y la limitación en la oferta de muchos productos puede provocar un marcado repunte inflacionario.

De hecho, los precios al consumidor se elevaron en 5% en mayo pasado, cuando la meta de la Reserva Federal suele ser 2 por ciento.

Es un hecho que los países desarrollados y algunos emergentes, felizmente México entre ellos, no han conocido este siglo lo que son las inflaciones altas. Pero no por ello significa que no sea una de las peores calamidades sociales que puedan existir.

Ahí los demócratas, de la mano de su tesorera Janet Yellen, deben ser muy cuidadosos, porque la inflación destruye economías y hace perder elecciones.

Y en el primer lugar de la fila de la sucesión presidencial por parte de los demócratas está la mal llamada presidente Kabala.