El dulce envenenado del aumento al salario mínimo


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Enrique CamposLa Gran Depresión

Dicen que para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo y tal parece que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) quiere jugar ese juego con el gobierno de Morena.

Dicen que para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo y tal parece que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) quiere jugar ese juego con el gobierno de Morena.

Desde la izquierda, los senadores del PRD hacen una oferta al gobierno de izquierda del presidente Andrés Manuel López Obrador que parecería que no pueden rechazar.

La propuesta es elevar el salario mínimo de los actuales 88.36 pesos diarios hasta 176.72 pesos diarios. Sí, exactamente el doble, un aumento propuesto por los perredistas de 100% a este ingreso.

El argumento es de exquisito gusto de la retórica de izquierda: beneficiar a 9 millones de trabajadores y sus familias con una mensualidad que los ayude a alcanzar una vida digna.

No hay manera de poder defender el nivel actual del minisalario, ni de muchos de los salarios contractuales, porque es evidente que no alcanza para cubrir los niveles básicos de bienestar de una familia.

Pero incluso hasta entre los populistas hay conciencia de lo que implica poner a competir a los precios con los salarios y el resultado eterno de la derrota del poder de compra de los trabajadores.

Atendiendo a los promedios de edad de muchas de las autoridades actuales, necesariamente se tienen que acordar cómo se generaron las crisis inflacionarias del siglo pasado.

Y al que no recuerde lo que ocurría en este mismo país durante los 70 y 80, puede darse una vuelta por la realidad de Venezuela, donde el gobierno de Nicolás Maduro acaba de recetar un incremento al salario mínimo de 150%, pero en un país donde la inflación es de más de 1 millón por ciento.

Y ese dulce envenenado del perredismo al gobierno federal encontró buena cabida en muchos medios de comunicación que compraron la causa de beneficiar a la clase trabajadora y recibió buenos espacios.

Esto por supuesto que facilita su verdadero objetivo que es poner contra la pared a sus antagonistas de la izquierda. Si llegara el gobierno de López Obrador a acceder a un incremento salarial de 100% desataría una crisis inflacionaria segura que tumbaría el poder adquisitivo de los salarios mínimos y del resto de las percepciones.

Pero si, por el contrario, argumenta razones de estabilidad monetaria para no aumentar en esa proporción los mínimos, los perredistas podrían acusarlos hasta de tecnócratas, lo cual ya vimos que en estos tiempos es mucho peor que una mentada de madre.

Y serán los perredistas los que insistirán con toda clase de propuestas que endulcen los oídos de los electores, lo mismo con este aumento salarial que una baja en los impuestos en los precios de las gasolinas.

Y como no tienen antecedentes de que les preocupe el tema de la estabilidad de las finanzas públicas, tendrán “autoridad” para proponer estas barbaridades.

Y del lado del gobierno tendrán que batallar para explicar cómo esas iniciativas, que solían ser parte de su menú de iniciativas y arengas, hoy no pueden ser viables ante la necesidad de no provocar desequilibrios que lleven al país a una crisis económica mayúscula.

  1. Las facturas económicas del desabasto

    Si algún afectado por el desabasto de combustibles se atreve a expresar públicamente su molestia, rápidamente es calificado como cómplice y enemigo de la patria. Porque el discurso oficial equipara a la decisión gubernamental de cerrar los ductos de gasolina con la decisión de Lázaro Cárdenas de expropiar la industria petrolera.

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  2. El T-MEC es un tema no resueltoº

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