El dominio del populismo, más allá de los candidatos


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Enrique CamposLa Gran Depresión

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Cada partido político tiene derecho de llevar a cabo la elección de sus candidatos presidenciales de la manera que mejor les plazca. Hasta el propio Partido Revolucionario Institucional (PRI) puede hacerlo como quiera por la simple razón que esa designación ya no es en automático un adelanto de quién será el próximo titular del Ejecutivo.

López Obrador puede tratar de encontrar tontos que le crean que habrá una democrática encuesta que indicará quién será su abanderado, a la par que ya presenta lo que imagina será su gabinete. No faltará quien crea que el impresentable Gerardo Fernández Noroña realmente quiere competir por esa candidatura y no simplemente servirle de patiño a López para que pueda hacer precampaña.

Sorprende que Miguel Ángel Mancera y Rafael Moreno Valle crean todavía que el famoso Frente Ciudadano por México no es más que un traje a la medida para cumplir con el capricho de ser candidatos a la Presidencia, en el caso de Ricardo Anaya, y a la Jefatura de Gobierno en lo que hace a Alejandra Barrales.

Pero más allá de sus absurdas maniobras para justificar sus maromas para esconder sus ambiciones, a lo que hay que poner mucha atención es a lo que estos partidos y coaliciones plantean como propuestas de gobierno.

El populismo es una peligrosa moda en el mundo que crece gracias a la falta de resultados de las fórmulas políticas tradicionales. Está claro que los principales impulsores de las propuestas absurdas son los que gobiernan.

Muchos ciudadanos eran niños cuando López Obrador ya era candidato a la Presidencia, pero todos aquellos que recuerdan sus anteriores campañas ya tienen indicios de la clase de planteamientos absurdos y financieramente peligrosos que propone.

Son al menos dos décadas las que han pasado sin que explique cómo le hará para aumentar el gasto público de forma exponencial sin subir impuestos y sin reconocer que puede disparar la deuda pública y el déficit fiscal a niveles de quiebra financiera como en los años 80.

Lo novedoso y altamente peligroso es que, en esa ambición desmedida que tiene Ricardo Anaya de ser candidato presidencial, ha echado por la borda los planteamientos históricos del Partido Acción Nacional (PAN) y ha avalado propuestas tan absurdas como regalar dinero público a todos los ciudadanos sólo por ser mexicanos a través de la renta básica universal.

Dicen los populistas del PAN, Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano que van a reformar el sistema de pensiones para dar un retiro digno a todos los mexicanos, que van a establecer un salario mínimo que alcance. Entre esta propuesta y las de López Obrador ya no hay la más mínima distancia.

Más salario, mejores pensiones, dinero gratis. ¡Quién se opone! Todos aquellos que entienden que este tipo de ofertas son imposibles de cumplir si no se provoca como resultado una nueva crisis económica.

Y falta el PRI. La baraja del partido del presidente tiene de todo y no es posible descartar que si el agraciado es alguno de la vieja escuela tricolor, entonces empiecen a llover este tipo de propuestas autodestructivas desde esa trinchera.

Es indispensable ponderar lo que proponen los partidos y sus candidatos porque la tentación populista hoy es más grande que nunca en México y las consecuencias prometen ser fatales.