Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Hay que reflejarnos, a tiempo, en el espejo turco

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Enrique CamposLa Gran Depresión

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no soporta que le lleven la contraria y ahora decidió destituir al gobernador del banco central

Turquía se ha convertido en un país de un solo hombre que desde su ignorancia y montado en un pedestal de superpoderes ha profundizado una crisis económica que hoy los tiene con enormes dificultades financieras.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, no soporta que le lleven la contraria, cree tener siempre la razón y ahora decidió destituir al gobernador del banco central, Naci Agbal, quien contradijo sus indicaciones y ahora su país enfrenta una nueva crisis financiera con todo y devaluación de la lira turca.

El banco emisor pretendía controlar las presiones inflacionarias en Turquía y las presiones en sus mercados financieros y para ello decidió elevar la tasa de interés interbancaria. Pero como al presidente Erdogan cree que las tasas deben bajar para crecer, sin poner atención ni a la inflación ni a los mercados, simplemente corrió al gobernador del banco central para que se haga su voluntad.

Hoy Turquía recibe el castigo financiero global, pero su gobierno gira la atención hacia otro tema. Y es que al mundo entero le indigna la salida de ese país euroasiático del Convenio de Estambul, que protege los derechos de las mujeres.

Como es evidente que este populista desprecia a los que son diferentes y no tiene ningún respeto por los movimientos feministas, simplemente saca a su país de ese pacto por sus temores homofóbicos. Y de paso, esto le sirve como cortina de humo para tapar la enorme crisis que ha creado con su interferencia en el banco central turco.

Para que el Presidente turco llegara hasta este punto de excesos, primero necesitó preparar el terreno para acumular la mayor cantidad posible de poder. En el 2017 sus sumisos legisladores le prepararon una reforma que le amplió los poderes y para evitar cualquier crítica de sus opositores, puso esa expansión de poderes a consulta de su pueblo bueno y en un referéndum controlado por él mismo lo hicieron todopoderoso.

Recep Tayyip Erdogan pertenece a una clase de políticos populistas que en años recientes se han extendido lo mismo entre las grandes potencias que en naciones latinoamericanas, asiáticas o europeas.

Esa clase emergente de nuevos populismos se pueden enraizar, como en el caso de Venezuela, o se pueden erradicar, como en Estados Unidos. O bien se pueden acotar, como en el Reino Unido o se pueden exacerbar, como en el caso de Turquía.

México y su gobierno están en esa lista de naciones con tendencias populistas ascendentes. Claro que de acuerdo con estudios como por ejemplo el que realizan The Gardian y Team Populist, llamado The Global Populism Database, hay países que hoy alcanzan grados superlativos de esa forma de gobierno, como Erdogan en Turquía o de la dupla Chávez-Maduro y su forma de arrasar Venezuela.

Pero eso no significa que no debamos poner atención a los focos de alerta que desde el poder se manifiestan con mucha frecuencia y que incluyen el ataque a los opositores, el desprecio de los diferentes y los intentos de debilitamiento de las instituciones y las autonomías.

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