La industria turística de la isla actualmente vale 2,600 millones de dólares anuales. Con la llegada de estadounidenses, valdrá 2,000 millones más.

Cuando Fidel Castro tomó el poder en 1959, Cuba era el principal destino turístico de sol y playa para la clase media estadounidense. Decenas de vuelos diarios salían de la Costa Este para llegar a la mayor isla del Caribe. Medio siglo ha pasado desde entonces. Con la decisión del presidente Obama de levantar las restricciones para que los ciudadanos estadounidenses visiten la isla, se abre la duda: ¿cuánto de esto podrá repetirse ahora?

El mundo ha cambiado mucho desde entonces. Cuba sigue estando a menos de 100 kilómetros de la península de Florida, pero otros destinos han logrado atraer a los turistas estadounidenses: Aruba; Barbados; Granada; Jamaica; República Dominicana y México, por supuesto.

Cuba es especial. Por eso las expectativas son enormes. El solo anuncio de Obama ha generado un incremento de 150% de las reservaciones para un mayorista de Nueva York. Muchos quieren conocer La Habana antes de que lleguen McDonald’s y Starbucks.

No es que el turismo desde Estados Unidos vaya a comenzar desde cero. Cada año viajan 600,000 personas de Estados Unidos a Cuba, usando vuelos tipo chárter. De los viajantes, 80% era cubano-americanos. El resto, estadounidenses que podrían definirse como simples turistas. Buscan sol y playa; música, diversión y un paisaje urbano lleno de nostalgia. La vista de esos viejos coches y las viviendas descarapeladas son una experiencia que no tiene paralelo en el mundo.

Cuba alcanzará una cifra superior al millón de turistas estadounidenses en el corto plazo. En el mediano plazo serán casi 2 millones y desplazarán a los canadienses como principales visitantes. JetBlue empezará en julio un vuelo semanal desde Nueva York hasta La Habana. El servicio de ferry que se interrumpió en 1960 volverá a funcionar en breve. La última vez que un ferry fue de Miami a La Habana sonaba la música de Pérez Prado y Elvis Presley.

Airbnb comenzó operaciones con Cuba hace unas semanas y ya tiene 1,000 opciones de renta en la isla; el que quiera saber cómo vive familia cubana típica puede alquilar un departamento en La Habana por 412 pesos diarios.

“Habrá una avalancha de turistas a Cuba”, aseguró Deborah Rivas en la reunión del WEF en Quintana Roo. Ella está a cargo de la promoción de la inversión extranjera. La funcionaria sostuvo que Cuba no pretende competir con México, sino aprovechar las oportunidades de colaboración. “Puede haber una escalera náutica para traer yates desde el Caribe británico hasta México”, opina Alicia Bárcena, secretaria de la Cepal.

Los destinos mexicanos que vivirán de manera más directa la apertura de Cuba son Cancún y la Riviera Maya. Por el momento, están tranquilos. Llevan años compitiendo y creciendo, aunque nunca han competido con alguien tan cercano y con tanta personalidad turística como Cuba. Quintana Roo tiene, a su favor, la infraestructura desarrollada, el capital humano y la experiencia que dan cuatro décadas de trabajo. Cuba deberá trabajar mucho para poner al día su infraestructura. No tiene un sistema de carreteras propiamente dicho, aunque tiene 14 aeropuertos y puertos con capacidad para atender yates y embarcaciones de gran calado. Más vale tomarlos en serio como aliados o competidores. Su industria turística ahora vale 2,600 millones de dólares anuales. Con la llegada de estadounidenses, valdrá 2,000 millones más.