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Se ha generalizado a tal punto que ya no vemos el gigantesco mecanismo de compra de votos en que está asentada nuestra democracia.

El Presidente ha llamado la atención sobre ese delito echando a la Fiscalía General de la República contra un candidato adversario que intenta jugar ese juego, el candidato del PRI a la gubernatura de Nuevo León, Adrián de la Garza.

De la Garza ofrece dar dinero a quien se inscriba en una tarjeta que es parte de su campaña: dinero condicionado a que De la Garza gane. Apenas puede disimularse el mecanismo de compra de voto que va incluido en el condicionamiento del beneficio: si me haces ganar votando por mí, te pago.

El Presidente le echó la Fiscalía encima a De la Garza, pero algo muy parecido a lo que hace De la Garza ofrece la candidata de Morena a la misma gubernatura, Clara Luz Flores, con una llamada Tarjeta Nuevo León. La candidata de Morena a la gubernatura de Campeche, Layda Sansores, promete pensiones de gobierno a cambio de que el futuro beneficiario le dé sus datos personales para controlar su voto.

El candidato del Partido Verde a la gubernatura de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, tiene también su tarjeta de compra, La Cumplidora. Abigail Arredondo, la candidata del PRI a la gubernatura de Jalisco, ofrece una tarjeta Salario Rosa.

El candidato del PAN a la gubernatura de Baja California Sur, Francisco Pelayo, ofrece la tarjeta Unidos Contigo. Víctor Hugo Romo, el candidato de Morena a la alcaldía Miguel Hidalgo, en CdMx, ofrece una tarjeta Violeta. La candidata de Morena a la alcaldía Venustiano Carranza, Evelyn Parra, ofrece la tarjeta Emergente, lo mismo que Carlos Lomelí, el candidato de Morena a Guadalajara. La lista de tarjetas se multiplica con los candidatos.

El gobierno federal es una gigantesca tienda de compra de votos. La fidelidad electoral es el propósito político apenas disfrazado de repartir dinero en efectivo en programas sociales: pensiones, becas, tandas, sueldos sustitutos, avíos para sembrar, etcétera. La democracia mexicana se ha ido convirtiendo en un bazar de compra de votos. Apenas puede exagerarse la corrupción política y moral que el auge de este mecanismo arroja sobre la vida pública.