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Cienfuegos: el terremoto en el gobierno

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Héctor Aguilar CamínDía con día

La captura del general Cienfuegos, acusado de narcotráfico, destruye la credibilidad del Ejército como corporación incorruptible y, con ella, como ha dicho José Antonio Crespo, la “premisa que justifica la militarización actual”

La captura del general Cienfuegos, acusado de narcotráfico, destruye la credibilidad del Ejército como corporación incorruptible y, con ella, como ha dicho José Antonio Crespo, la “premisa que justifica la militarización actual”.

Pone en entredicho la alianza política más visible del gobierno: su proyecto de cooptar al Ejército y alinearlo tras su proyecto, como una fuerza disponible para el conflicto.

Las discrepancias del presidente López Obrador con el ex secretario de Defensa preso son conocidas, en particular el hecho de que no escogió a su secretario de Defensa actual, Cresencio Sandoval, entre las opciones que le ofrecía la corporación, lo cual creó dentro de esta una fisura, que se ha hecho manifiesta en muchos momentos, entre los sectores desplazados y los escogidos por el gobierno.

Se conoce el proceso de desplazamiento de los perdedores en la corporación castrense, mediante retiros convenientes y reparto de posiciones diplomáticas en el exterior. Se sabe también de su malestar por dichos y hasta por discursos de inconformidad filtrados a la prensa.

La captura y acusación de Cienfuegos ha llevado la fisura a un punto de tensión mayor, especialmente cuando la primera reacción del Presidente ante la aprehensión de Cienfuegos fue decir que suspendería a todos los que tuvieran una relación con él. Corrigió después, y dijo que no habría “limpieza “en el Ejército hasta que no se decretara la culpabilidad de Cienfuegos.

Pero la intención de limpiar había quedado clara, y dicha. Creo que el Presidente acaricia la idea de llevar adelante su alianza con unas fuerzas armadas limpias de corrupción, o no tan limpias, pero leales a él.

Lo que indica la captura de Cienfuegos es que eso no será posible sin una depuración, que los depurados verán como una purga, con riesgo de acusaciones judiciales en Estados Unidos, sin que el gobierno meta las manos, como no las metió por Cienfuegos.

Esto es lo que se trasluce ya en franjas de opinión cercanas al Ejército: la queja de que el gobierno no intercedió por el ex secretario preso, sino que vio con buenos ojos su captura. La verdad, pensar en un escenario de este nivel de tensión entre el gobierno y una parte sustantiva de las fuerzas armadas, da escalofríos. Termina una época.

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