Layda Sansores en Campeche y Abelina López en Acapulco ilustran algo común en muchos cuadros de Morena claramente ignorantes, oportunistas y trepadores, cuya ineptitud para el manejo de la cosa pública eriza la piel.

1. Como inspirada en las enseñanzas del subsecretario Hugo López-Gatell, la gobernadora de Campeche soltó antier este borbotón de estulticia: “El tapabocas ya es opcional. Si quieres te lo pones y si no, no (gracias por tan sorprendente opción). Hay quienes se cuidan mucho. Yo por eso a veces lo traigo así, nada más de simulación. Dicen que los cubrebocas del 65 (es el KN-95) dizque son los mejores, (pero) solo duran ocho horas (¿de dónde sacó esta estupidez?) y ya lo debes de tirar, pero a ver quién lo tira, si son retecaros, o lavarlos (pero) si no saben ni lavar sus calzones. Yo ya quitaría también la sana distancia. Lo voy a consultar. Yo creo que hay que ir adaptándonos a esta vida normal. Nosotros hemos declarado covid free en todos los lugares…”. Formada y curtida 30 años en el PRI, la señora brincó al PRD, luego a Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano) y volvió a desertar para incorporarse a Morena. Si su acomodaticia militancia no le dio lustre, tampoco sus inexplicables cargos de diputada federal (dos veces), senadora o alcaldesa de Álvaro Obregón en Ciudad de México, de donde saltó a la gubernatura de su terruño que había buscado sin éxito en tres ocasiones.

2. Con menos devaneos partidistas pero igualmente ignorante, la ex perredista convertida al morenismo Abelina López Rodríguez fue dos veces diputada estatal en Guerrero y una en el Congreso federal, de donde se alzó con la alcaldía de Acapulco. En octubre del año pasado cobró notoriedad por confesar, desde “la más alta tribuna de la nación”, que en su ejercicio abogadil sobornó con 20 mil pesos a un agente del Ministerio Público, aunque después aseguró que se habían “malinterpretado” sus palabras. Hace un par de semanas, esta “servidora pública” responsabilizó a los medios periodísticos de provocar “alarma” por la violencia en el puerto, insinuando que no debieran difundir el azote de violencia que padece aquel centro turístico (incendios provocados en el Baby’O y la central de abastos; asesinatos, asaltos y ataques al transporte público), y a una reportera preguntona le respondió: “¿Usted ama a Acapulco…?”, y la culpó de no tener “amor” por esa mina de paseantes.

El tema original era la de un periodista levantado, molido a golpes y abandonado (con vida). “Ustedes son periodistas, investigan todo. Me extraña que hoy no investiguen que son zonas álgidas. Díganme dónde está la alarma de la violencia. La alarma la ponen los medios. Si no cuidamos lo que aquí comemos, no sé de qué vamos a comer. ¿Por qué Cancún se mantiene callado? Porque todos hemos entendido que hay que comer algo…”.

Aunque fueron primero las damas, el caballero Cuitláhuac García, silvestre machuchón de Veracruz, encarna buena parte de lo pior que encumbra Morena…