Como ejemplo estelar de probable narcocorrupción, el ex secretario federal de Seguridad Pública en el gobierno de Felipe Calderón es recurrentemente mencionado en las mañaneras.

El presidente López Obrador dijo ayer: “Ahora que los fiscales de Estados Unidos declaran que García Luna tenía sobornados a periodistas y que además tenía pensado eliminar a cómplices o testigos, era para que se transmitiera la noticia en todos los medios. No salió en los programas de radio, no salió en los periódicos, no salió en la ‘telera’, no fue nota (desde luego que lo fue).

Creo que uno o dos periodistas fueron los únicos que lo defendieron o que hablaron del tema defendiéndolo…”. “¡Marín!”, gritó su porra, y él continuó: “Sí, pero digo, cuando menos hay que reconocerle que dieron (sic) la cara, pero otros… El mismo Calderón no habló. ¡Qué ingratitud! Entonces, sí hay diferencia y vamos a seguir así. Lo importante es que no se permita el contubernio…”.

Por la alusión afirmo que no “defiendo” ni me interesa “defender” a García Luna y que ignoro si es o no un delincuente, pero dudo de lo que le achacan sus acusadores y replican linchadores a quienes bastan señalamientos ilógicos para juzgar, dando por cierta una culpabilidad que no se ha demostrado en los tribunales (el juicio quizás empiece en octubre).

Con datos precisos, he resaltado lo virolo de las afirmaciones medulares en su contra y la más reciente, como escribí aquí el viernes, me desternilla de risa. Anoche, en El asalto… de MILENIO Tv se transmitió la primera parte de mi plática con Mike Vigil, ex jefe de operaciones internacionales de la DEA, quien me hizo notar la obviedad de que si García Luna trabajó para El Chapo Guzmán y desde la cárcel –a través de un inaccesible teléfono celular– quisiera “matar” a alguien, no tendría que recurrir a “la mafia rusa” para que le hiciera el servicio, sino solo pedírselo al cártel de Sinaloa del que, según el narcotraficante Reynaldo El Rey Zambada, recibió millones de dólares “en un maletín”.

Los cargos en su contra incluyen la interpretación de que se corrompió a cambio de “proteger” a la organización criminal, lo cual también es descabellado porque, en el mejor de los casos, podría responder por sus policías, pero no por el Ejército, la Marina o la Policía Ministerial federal.

Tan increíble un “arreglo” de tal naturaleza como el “contubernio” con el crimen organizado que Porfirio Muñoz Ledo le atribuye a López Obrador, dada la cantidad de pandillas que operan en el país (con las que habría que “negociar”) y que no son únicamente las de Jalisco, Sinaloa y el Golfo, sino al menos 150 de menor alcance pero igual de sanguinarias y violentas.

Con las cifras oficiales de la 4T, pero tampoco para “defender” a nadie, con aritmética simple, también registro que los 121 mil 642 asesinatos ocurridos en los primeros tres años y medio de gestión de López Obrador superan los 120 mil 463 del sexenio del ex, el diablo de la célebre, aunque menos mortífera, “guerra de Calderón…”.