Cambio en los reflectores presidenciales


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Enrique CamposLa Gran Depresión

En algún momento del mensaje de Enrique Peña Nieto cuando daba a conocer la renuncia de José Antonio Meade Kuribreña a la Secretaría de Hacienda confundió su cargo y se refirió a él como secretario de Relaciones Exteriores.


En algún momento del mensaje de Enrique Peña Nieto cuando daba a conocer la renuncia de José Antonio Meade Kuribreña a la Secretaría de Hacienda confundió su cargo y se refirió a él como secretario de Relaciones Exteriores.

Un lapsus sin trascendencia que el presidente Peña pensó que se convertiría en la nota del día siguiente y la verdad es que no. Pasó de noche como habrá de pasar en adelante mucho de lo que haga.

Peña Nieto no cederá tan fácilmente los reflectores, pero eventualmente tendrá que dar un paso hacia atrás para dejar que el candidato de su partido posicione muchas ideas que seguramente podrían sonar contrastantes con las políticas del gobierno actual, sin llegar claro a la confrontación.

Los cambios en el gabinete que vienen y hasta la designación del integrante que falta de la Junta de Gobierno del Banco de México son decisiones que ya están tomadas, sólo en espera de ser anunciadas y son armónicas con la candidatura priista a la Presidencia.

En términos de finanzas públicas lo que vimos el lunes, además del destape de José Antonio Meade como candidato presidencial del PRI, fue la garantía de continuidad de las finanzas públicas en proceso de corrección y la certeza de que no se permitirá su deterioro con fines electorales.

José Antonio González Anaya garantiza un manejo pulcro de la hacienda pública, alejado de la tentación de descomponer la relación de ingresos y gastos con fines de influencia electoral.

Hay una razón muy sencilla más allá de la buena voluntad de los dos José Antonios y es que si en algún lugar le van a buscar sus contrincantes para poder atacar al candidato del PRI será en el manejo de la economía en estos tiempos electorales.

No parece que pueda haber mucha divergencia del nuevo secretario de Hacienda con el Banco de México en materia de política monetaria. Ciertamente que la estrategia de subir las tasas para combatir un traspaso inflacionario no es algo compatible con la búsqueda de un crecimiento más robusto, pero todo parece indicar que los pleitos que sí hubo entre funcionarios de Hacienda y el Banxico ya quedaron atrás.

Lo deseable es que durante este último año de gobierno de Enrique Peña Nieto la administración pública se dedique a administrar la estabilidad. Pero hay factores externos que amenazan esa paz económica y financiera.

El epicentro de las preocupaciones durante los próximos meses es la Casa Blanca y sus políticas comercial y fiscal. Un rompimiento abrupto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte obligará a un control de daños inmediato.

Y una reforma fiscal que pase por el Congreso estadounidense y cuya implementación pudiera ser inmediata, también puede forzar cambios para controlar una posible sangría de recursos extranjeros.

Paradójicamente, si Estados Unidos se anima a desestabilizar a México de esa manera, el más favorecido sería el candidato priista, ya que sería el único con la posibilidad de entender y explicar una estrategia. Aunque realmente lo mejor es no tener ese sobresalto durante el 2018.

Un año y un día es lo que le queda en el gobierno a Peña Nieto y tiene que irse acostumbrando a que su candidato y los otros aspirantes le van a arrebatar esa atención de la que gozaba, para bien y para mal, por parte de la opinión pública. Así funciona.

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