AMLO, del ¡sí se pudo! al, ¿se podrá?

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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Con el mismo entusiasmo con el que se festeja un campeonato de futbol. La multitud rugió: ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! Algunos de ellos llevaban 12 y hasta un poco más de años esperando este feliz momento. Otros eran partidarios más recientes. Todos delirantes, alegres, radiantes. Ganó nuestro gallo: Andrés Manuel López Obrador. ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! La feliz consigna se repetía una y otra y otra vez.


Con el mismo entusiasmo con el que se festeja un campeonato de futbol. La multitud rugió: ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! Algunos de ellos llevaban 12 y hasta un poco más de años esperando este feliz momento. Otros eran partidarios más recientes. Todos delirantes, alegres, radiantes. Ganó nuestro gallo: Andrés Manuel López Obrador. ¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo! La feliz consigna se repetía una y otra y otra vez.

Y en ese momento, ¿qué pensaría el líder, el causante del júbilo popular, el candidato vencedor, sabedor que en materia electoral la victoria, por amplia y rotunda que sea, es únicamente la culminación de una etapa para llegar a la verdadera consecución del triunfo que es el cumplimiento cabal de las promesas de campaña? El gobernar para todos; el presidir una sociedad, en su inmensa mayoría, harta de ser engañada. Una población que está hasta la madre de ser una víctima constante de los —políticos profesionales— depredadores que sexenio a sexenio prometen lo que no será. Un pueblo que, de pronto, al parecer recobró la esperanza.

El papel no es nada fácil porque desde los que la noche del domingo gritaron alborozados y festejaron, henchidos de optimismo, el triunfo de su líder hasta sus contrarios, aquellos a los que llamó rapaces, mismos que —quiero pensar— por civilidad han reconocido su triunfo y hasta, posiblemente, lo han felicitado por ello, le van a exigir cumplir sus promesas de la manera más estricta.

Apenas tiene el estatus de candidato triunfador, es decir todavía no es presidente electo y, mucho menos, en funciones y ya, la misma noche del día de su elección, uno de sus más vociferantes contrincantes, su excelencia, el abogado don Diego Fernández de Cevallos, en un programa de televisión le exigió poner en práctica, cuanto antes, y mostrar la veracidad de la teoría lopezobradorista que pregona que basta con que el de arriba sea honesto para que todos sus subalternos también lo sean; cosa que —promesas de campaña aparte— es harto difícil y don Diego lo sabe muy bien.

La verdad es que el aspirante presidencial tabasqueño se puso la vara alta: “No mentir, no robar y no traicionar” fueron, fundamentalmente, los principios con los que, desde que comenzó su prolongada campaña, se comprometió con el electorado. Y éste se los compró.

El no mentir es un compromiso, ineludible, con la transparencia en todos sus actos, sus discursos y en cualquier información que provenga de su jurisdicción. No mentir es hacer cuentas claras y manejo honesto tanto del erario público como de los bienes muebles e inmuebles de los que, legalmente, dispone el Ejecutivo federal.

No robar es consecuencia del enunciado anterior. Es acabar con la corrupción y con la impunidad, en todas las instancias y en todos los niveles. Hacer, realmente posible, lo que sexenio a sexenio, campaña a campaña, se ha venido repitiendo por todo el país desde tiempo inmemorial hasta desgastar las palabras que la formulan y desprestigiar la frase que lo pregona: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”.

No traicionar denota ser leal a sus compromisos y promesas. No hacer mal uso de la confianza y la esperanza que un sufrido, valiente, trabajador, desmadroso y ocurrente pueblo mexicano puso, el pasado domingo, en sus manos; y que, esa misma noche, festejó con el clamor de ¡sí se pudo! Hoy, me pregunto: ¿se podrá?

Chentito

El pasado 31 de marzo, el expresidente Vicente Fox, con la imprudencia que lo caracteriza, publicó en su Twitter: “Las voces que no quieran a @lopezobrador_en #LaGrande2018 deben hacerse escuchar. No permitamos que estas advertencias pasen desapercibidas por la perrada de Lopitos. ¡México merece mejor que él! (sic). También por el mismo medio escribió: “Lopitos: Uleroooo!! Uleroooo!!!”. Ya para rematar el erudito y valiente ex mandatario retuiteó: “Es que a @lopezobrador_ le falta cultura, capacidad de debatir, inteligencia y un par de esto”, el texto lo acompañó con un par de huevos.

La noche del pasado domingo, sin que hasta ahora se sepa desde qué lugar del planeta, Chentito utilizó la herramienta del Twitter para escribir: “Felicito a Andrés Manuel, nuevo presidente de México. Hago votos porque nuestro país continúe su marcha de éxito. Tenía otras opciones como preferencia, sin embargo, democráticamente el pueblo de México ha decidido y decidido para bien”. Para eso me gustaba. ¿Ahora quién es el Uleroooo?

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A continuación dos muestras del infinito humor del mexicano en cualquier ocasión, encontradas en las redes:

“Todo está perfectamente planeado para que el Mundial del 2026 lo inaugure el presidente Cuauhtémoc Blanco”.

“Ya se empieza a notar la recuperación de México de la mano de López Obrador: 23 jóvenes con talento que se hallaban trabajando en el extranjero, regresarán mañana a México. Bueno, 22 jóvenes y Rafa Márquez.

Por último, voy a reproducir el mensaje enviado por una persona a la que le tengo gran afecto, quien, sin mayor afán que ayudar a su amigo José Antonio Meade, lo apoyó durante su campaña: “Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le viene, no se enoje”: Don Quijote.