En el puente patrio, Morena concretó su reorganización interna, de cara a la batalla electoral del 2024. Además de dar cumplimiento a la sentencia del Tribunal Electoral, para renovar sus órganos directivos, casi 3,000 delegados al III Congreso Nacional aprobaron modificaciones a los documentos básicos y extendieron la estancia de Mario Delgado y Citlalli Hernández en la dirigencia partidista.

Un debate de tres horas sobre la definición ideológica, pero sobre todo del método para definir al candidato presidencial, antecedió a la elección de los 300 consejeros nacionales, entre quienes fueron seleccionados 10 nuevos integrantes del Comité Ejecutivo Nacional.

Las instrucciones superiores eran inapelables: el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, quedaría al frente del Consejo Nacional y ocho de las 10 carteras disponibles, por “acuerdo político”; las dos restantes, por designación directa.

El inciso b) del artículo 36 del nuevo Estatuto dio pase automático a los gobernadores morenistas y a los 96 dirigentes estatales al Consejo Nacional. Estos últimos no son elegibles para la presidencia de ese órgano deliberativo.

Agustín Guerrero, exdirigente del PRD capitalino y actualmente radicado en Puebla, verbalizó las protestas de un amplio sector de los delegados contra la nomenklatura partidista. “En Morena, el pueblo pone y el pueblo quita”, coreaban, tras escuchar su moción contra.