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Entre la irreverencia y la procacidad, Carlos José Lazo Reyes irrumpió en el medio financiero mexicano, hace 15 años. Venezolano de origen, chihuahuense por adopción, brincó de la mercadotecnia —estuvo en CMI, una central de medios de América Móvil— a las apuestas deportivas sin red de protección.

Desde hace un mes nadie lo ha visto. Ni en Querétaro ni Chihuahua ni en Guadalajara. Las demandas laborales detuvieron la construcción de su plaza comercial en la capital tapatía, pero el desfalco de miles de clientes de sus plataformas —de sport books o su fondo de inversión— generaron órdenes de presentación que no serán atendidas.

Con tantos enemigos acumulados en un lustro, que ahora esté ilocalizable resulta una obviedad. Justo hace dos años, Lazo Reyes activó una campaña mediática contra los dueños de Bankaool. En su portafolio de marcas ya tenía dos equipos profesionales, una casa de apuestas y un rancho tequilero; sólo le falta una institución financiera para completar la estructura que le permitiría ofrecer un servicio integral.

Ese hostile takeover no pudo concretarlo. Tampoco, la compra de un banco en Panamá ni la licencia de Forbes para México y Centroamérica. Lazo Reyes está convencido de que es posible “vivir de los deportes” sin practicarlos. ¿Su modelo de negocio? Evangelizar a un sector del público inversionista —pequeños ahorrados, siempre en su narrativa— para convertirlos en traders.

Durante una década se dedicó a la promoción de sus marcas a través de las franquicias deportivas. En primera instancia, el trader venezolano no se interesó en los equipos de la Liga MX, aunque uno de sus socios, Ángel Ramón Serrano participó en el grupo que quiso comprar a las Chivas hace cinco años, tras del fallecimiento de Jorge Vergara. En su punto de mira, las franquicias de basquetbol y beisbol. Y un modelo de negocio —el patrocinio de los equipos para conseguir contratos de venta de alimentos y bebidas en los estadios— que probó primero en Estados Unidos, con los Silver Knight, el equipo de hockey sobre hielo de Henderson City, un condado aledaño a Las Vegas.

Híjole se convirtió —previo pago de contratos millonarios— en patrocinador de los Broncos de Denver, en la NFL, y los Mets de Nueva York, en la MLB, ambos en la Unión Americana. En México, Upick —su servicio de apuestas online— figuró en los uniformes de los Libertadores de Querétaro, el Chihuahua FC y los Guerreros de Durango, equipos que Lazo Reyes adquirió. Su último emprendimiento fueron los Reds de futbol americano.

Ese mismo aparato comunicacional operó para sacarlo de una “lista negra” elaborada por la Condusef, hace dos años. El trader nunca engañó a sus clientes “premier”: manejaba dos esquemas de inversión de alto riesgo, por tratarse de apuestas, y Yox era una empresa mercantil que escapaba a la regulación de la CNBV o a la protección del IPAB. Con contratos digitales y transferencias electrónicas operó hasta el tercer trimestre del año pasado, cuando dejó de pagar las “utilidades”.

La caída de Lazo Reyes tuvo un ominoso precedente: su intento frustrado por adquirir la licencia para reproducir los contenidos de Forbes en español. Un esfuerzo condenado irremediablemente al fracaso no obstante las dificultades económicas del empresario venezolano, por el litigio iniciado por el actual licenciatario, Mariano Meléndez, contra la matriz del poderoso consorcio editorial.

La violación de la cláusula segunda del contrato entre las partes llevó al editor argentino, dueño del conglomerado Media Business Generator, a reclamar la no renovación de la licencia y solicitar un arbitraje internacional. Mientras da inicio ese recurso, Forbes deberá abstenerse de celebrar o ejecutar cualquier contrato o acto jurídico con terceros que tenga por objeto alguna de las prestaciones contenidas en el contrato de licencia, de acuerdo a las medidas cautelares emitidas por Salvador Covarrubias Toro, encargado del juzgado 50º civil de proceso escrito en la Ciudad de México, el pasado 12 de diciembre de 2023, según consta en el expediente.