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Leo Zuckermann ha hecho una buena y sencilla disección numérica de los resultados electorales del pasado 5 de junio y lo que nos dicen rumbo al 2024. Zuckermann (Excélsior 7/6/22) empieza por separar las elecciones del domingo entre las que tuvieron la presencia de una alianza opositora y las que no la tuvieron.

El mapa es claro: en dos de las elecciones, la oposición se presentó fragmentada: Oaxaca y Quintana Roo. En las otras cuatro, se presentó unida: Aguascalientes, Durango, Hidalgo y Tamaulipas. Donde se presentó fragmentada, la oposición perdió el 100%: las dos elecciones que estaban en juego, Oaxaca y Quintana Roo. “Ahí”, dice Zuckermann, “la oposición no le hizo ni cosquillas a Morena y a sus aliados. Arrasaron”.

Tuvo 0% de efectividad. “Me van a disculpar la tautología”, explica Zuckermann, “pero la división divide. Si no hay unión no hay suma de votos, lo cual fortalece al partido dominante, en este caso Morena”. Muy distinto fue el resultado en las cuatro elecciones a las que la oposición se presentó unida. En ésas la oposición ganó dos y perdió dos.

Se quedó con Aguascalientes y Durango, perdió Hidalgo y Tamaulipas. Tuvo una efectividad del 50%. Más allá de las características locales de cada elección, la variable determinante en ellas fue que la oposición fuera unida o separada. Su efectividad fue de 50% del primer modo y de 0% en el segundo. Zuckermann añade un dato interesante. En las dos elecciones donde la oposición fue dividida, hubo el porcentaje de votación más baja: 39% en Oaxaca y 40% en Quintana Roo. La falta de competencia desalienta la votación y deja la mesa puesta para los “operadores electorales”.

La competencia en cambio produce mayor votación y resultados más cerrados, como fue en Tamaulipas, donde votó el 53% del padrón. La conclusión para el autor es muy sencilla, y la comparto plenamente: “Si Morena quiere ganar en 2023 las dos gubernaturas en juego y en 2024 la Presidencia de la República, tiene que dedicarse a que el PRI vaya sin el PAN y que Movimiento Ciudadano vaya por su cuenta”.

Es lo que pasó en Oaxaca y Quintana Roo, donde el oficialismo ganó por amplios márgenes.