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Está claro que la estrategia de “abrazos, no balazos”, ha hecho crecer en miles de víctimas el maratón de la muerte que México corre contra sí mismo desde el año 2006.

No hay cómo disfrazar el daño, ni las cifras, ni el sufrimiento, ni el hecho de que las víctimas del maratón son, en un muy alto porcentaje, hombres jóvenes.

El compromiso de campaña del actual Presidente de que en seis meses se verían resultados claros en reducción de la violencia, parece hoy una mala broma.

Que todos los días el mismo funcionario tenga una reunión de seguridad para ver con cuántos muertos amaneció el país, parece una de las actividades más ociosas de su gobierno.

La oferta de ponerle un segundo piso a este desastre, en aras de que la violencia no se combate con la violencia, empieza a ser una burla macabra.

Lo menos que podemos esperar de las candidatas al nuevo gobierno es que le pongan números al maratón y se comprometan a definirle una meta final, una meta numérica, medible, exigible.

Es lo menos que deberíamos pedir también de los 32 gobiernos de las entidades federativas, porque, a fin de cuentas, en las leyes de toda la República, el homicidio está definido como un delito del fuero local, que deben investigar y resolver los gobiernos locales.

Que muchos homicidios tengan conexión con bandas del narcotráfico, ha sido una larga coartada para eludir las responsabilidades del fuero local, pues los delitos contra la salud, vulgo narco, son del fuero federal y competen al gobierno nacional.

El gobierno de la República batalla estos días con los resistentes hashtags #Narcoestado, #Narcogobierno, #Narcopresidente, #Narcocandidata.

Los hashtags se han vuelto populares en las redes porque, diga lo que diga el Presidente, lo que su gobierno hace es no combatir al narco, ni al crimen organizado que asola al país, sino mandarles abrazos y decir que el Narco es Pueblo.

Lo menos que tendrían que hacer este gobierno y sus aspirantes a sucederlo es decirnos en cuánto tiempo y con cuántos muertos piensan que terminará el maratón de la muerte en que estamos, donde el gobierno actual lleva tan amplia delantera.