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La aprobación de la ley de ingresos para el 2020 fue un aburrido juego de las sillas entre diputados y senadores. En San Lázaro se aventaron la puntada de incluir aberraciones del tamaño de legalizar los autos chocolate o pretender cobrar más derechos por el uso de agua para los productores agrícolas. Y en Insurgentes Norte y Paseo de la Reforma quitaron esas barbaridades que llegaron en el paquete aprobado.

Los diputados pusieron más impuestos para los migrantes y los turistas extranjeros, y los senadores los quitaron.

En fin, un juego de vencidas entre las dos cámaras que al final dejó el Paquete Económico, en esta parte de ingresos, tal cual lo mandó el ejecutivo. Vamos, tanto espectáculo legislativo fue para dejar las cosas como las quería el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pero dejarlo como quería el jefe máximo de la 4T no significa que esté bien. De hecho, cuando se presentó el Paquete Económico al Congreso a principios de septiembre, ya había serias dudas sobre su viabilidad. Y ni hablar ahora, a finales de octubre, que tanto han empeorado las perspectivas económicas mexicanas.

Si por esos días todavía era sostenible creer que el Producto Interno Bruto (PIB) podría crecer algo así como 1% al cierre de este año, hoy existen dudas razonables de que pudiera al menos alcanzar una tasa positiva de crecimiento. El cero es lo de hoy.

Con los datos conocidos hasta el octavo mes, es prácticamente un hecho que el resultado del PIB al cierre del tercer trimestre será negativo y no se ve que en este último tramo del año haya motores económicos encendidos por ningún lado.

Pasado mañana tendremos ya por parte del Inegi la primera lectura del PIB del tercer trimestre y estaremos más en la discusión sobre si estamos en recesión o no que en la posibilidad de crecer 2% durante el 2020.

La promesa es que el próximo año se logrará un superávit primario de 0.7%, tal como lo mandó el presidente López Obrador al Congreso. Ese margen será el pequeño colchón que tendrán las finanzas públicas para no generar un desbalance importante durante el 2020, que pinta para ser otro año de estancamiento económico.

Lo que sigue es que los diputados aprueben, prácticamente al pie de la letra de cómo lo recibieron, el presupuesto de egresos y a partir de ahí quien tendrá la palabra es la Secretaría de Hacienda.

Si los ingresos tributarios no crecen como se espera, por la falta de crecimiento económico, la dependencia de Arturo Herrera deberá tomar decisiones importantes. Lo sensato sería un recorte al gasto público.

Sería de enorme valentía quitarle recursos al derroche de los programas asistencialistas de la 4T, antes que quitar un solo peso a los pocos proyectos de gasto en inversión.

Claro que siempre estará presente la tentación de gastar más de lo que se ingrese, con todos los riesgos que ello implica para la estabilidad financiera. Sobre todo, porque realmente no se ve que en el mediano plazo pueda haber un cambio en la tendencia de estancamiento económico que hoy está más que confirmado.

Así que el Paquete Económico que envió el presidente López Obrador al Congreso va avanzando sin manchar su plumaje con cualquier cambio que lo aterrice dentro de lo sensato. Lo preocupante es saber ¿qué van a hacer desde el gobierno federal cuando no se puedan cumplir las metas de su presupuesto?

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