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El desabasto de gasolina, la constitución de la Guardia Nacional y el nombramiento del fiscal general de la República son asuntos espinosos que, por lógica, deberían activar tanto a la oposición como a la sociedad civil organizada.

Imagino la fuerza que, en un contexto como este, habrían tomado las voces opositoras al gobierno del presidente Enrique Peña. Pero ahora la situación es distinta. Las expresiones discordantes apenas se perciben y su impacto es muy menor.

La debilidad de los partidos de oposición es directamente proporcional al tamaño de su derrota el pasado primero de julio. Las iniciativas del Gobierno han avanzado sin problemas en el Congreso. Cuando ha sido necesario, el PRI las ha apoyado al igual que algunos legisladores del PAN. Ahí está el respaldo a la Guardia Nacional y la abultada votación que obtuvo Alejandro Gertz Manero para convertirse en fiscal general de la nación.

Lo que más sorprende es que tampoco se escuchan con fuerza las voces de la sociedad civil agrupada en colectivos como #SeguridadSinGuerra o #FiscalíaQueSirva. Pese a haberse activado, las organizaciones civiles pasaron casi desapercibidas en el debate sobre estos temas. Basta ver las primeras planas de los diarios o los encabezados de los noticiarios para darse cuenta del poco eco que tuvieron sus críticas.

Y no es que estén ausentes o que hayan desatendido sus agendas. Lo que ocurre es que ahora tienen enfrente a un gobierno con legitimidad y a partidos de oposición que ya no les sirven como caja de resonancia.

Además de que estos partidos ya no replican sus críticas, las redes sociales dejaron de alinearse masivamente contra el gobierno y los medios tradicionales están tan atareados tratando de seguirle el paso al Presidente, que apenas consignan esos cuestionamientos. La conexión entre organizaciones civiles, partidos de oposición y medios, que tanto potenció sus voces, está rota.

Por supuesto, nada de esto es definitivo. Gobernar es una labor desgastante y las oposiciones tienden a recomponerse, pero, al menos por ahora, las voces opositoras casi no se escuchan. Y esto no es bueno, ni siquiera para el propio gobierno, pues como decía Jesús Reyes Heroles: lo que resiste, apoya.